Ordinalidad vs. solidaridad
Casi intuitivamente se percibe que este principio de ordinalidad, que ahora parece estar tan de moda, al menos tiende al conflicto con el de solidaridad. Si son totalmente incompatibles o si este conflicto puede resolverse depende, desde luego, de qué se entienda por ordinalidad.
Las recientes explicaciones de la ministra de Hacienda no aclaran demasiado la idea, ya que han resultado un tanto “grouchomarxianas” (ya saben: “la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte…”).
Hay que reconocer, en cambio, que el inhabilitado líder de ERC explicó el asunto sin tecnicismos y de forma mucho más clara, diciendo que esto significa que las comunidades autónomas que más contribuyen sean también las que más reciban; es decir, que el orden de las comunidades autónomas en lo relativo a su contribución económica a los recursos comunes se mantenga al cuantificar lo que reciben.
De todos modos, en realidad eso solo es exigible para Cataluña, ya que en los demás casos ese orden podría no mantenerse. Señaladamente, y según apuntó de forma expresa la ministra, este criterio de ordinalidad no puede aplicarse a Madrid, que, siendo la que más aporta, en ningún caso puede ser la que más recibe, por razones nunca suficientemente aclaradas. Literalmente dijo que la reforma acordada “tiende al principio de ordinalidad, pero depende de cada comunidad que esté presente o no” (¿¡!?), porque la respuesta no es “del todo binaria”…
Con independencia de lo extraño que resulta un principio que en realidad solo se garantiza para una comunidad, hay que decir que, si se entiende tal y como lo ha explicado el político independentista, es abiertamente incompatible con la solidaridad, ya que esta tiende a reducir desigualdades y diferencias, e implica precisamente que el que más tiene contribuya más —y, por tanto, reciba menos si se trata de corregir desigualdades—.
Incluso en un proceso confederal como la Unión Europea, los Estados más ricos son contribuyentes netos (aportan más de lo que reciben) y otros son beneficiarios netos (reciben más de lo que aportan). Resultaría un tanto extraño, por poner un ejemplo, que Alemania sea solidaria con Grecia, pero no Cataluña con Extremadura.
Es verdad que existen explicaciones algo más técnicas que, en términos muy generales, vendrían a decir que el orden de riqueza de las comunidades autónomas se mantenga una vez descontadas sus aportaciones netas. Pero no es esta la explicación política que se ha dado y, además, si tenemos en cuenta que contribuyen las personas y no los territorios, permanecerían no pocas objeciones al principio que, a diferencia de la solidaridad —doblemente explicitada en la Constitución (arts. 2 y 138)—, no deja de ser una invención para beneficiar a Cataluña.
Así que esto parece, simplemente, una tomadura de pelo.



