Los lomos
Cada año, el mismo día en que los dos mayores genios de la literatura occidental fallecieron, se celebra el Día del Libro. Ahora que la expansión del libro digital resulta imparable, esta fecha parece mantenerse como un día de culto a la “galaxia Gutenberg”, ya que proliferan las ferias, muestras, exposiciones e intercambios de libros físicos.
En contra de lo que cabría suponer, leo hoy que en España el mercado del libro crece, mientras en Europa se estanca, hasta el punto de que un medio titula: “España lee mientras Europa duerme”. Además, el mercado del libro físico se mantiene con buena salud, ya que la venta digital en 2024 supuso en España un 24%, mientras que en Estados Unidos alcanza ya un 52%.
Me parecen dos buenas noticias. Desde luego, vaya por delante que lo importante es que no se pierda el hábito de lectura, ya sea en papel, en pantalla, en tableta o en libro digital. Si se pierde el hábito lector, descenderán la corrección lingüística, la cultura y el espíritu crítico de una sociedad, y ese es el caldo de cultivo para la demagogia y el populismo.
Así que, si el destino es el libro digital, lo aceptaremos, y hasta cierto punto será cierto que “el saber no ocupa lugar”. Pero, dicho esto…
Qué bien que, de momento, se preserve el libro en papel, el libro físico que ocupa espacio y tiene peso —y puede incluso tener bastante peso—, con su tapa dura y su papel de calidad.
Podríamos pensar que, poco a poco, las ventajas o virtudes del libro impreso van desapareciendo, pero se mantienen algunas de excepcional importancia. No es la menor su capacidad de ser percibido y aprehendido por más sentidos que el libro formado por puros píxeles en una pantalla.
El libro físico se toca, se huele, incluso se oye, y eso permite, de algún modo, una forma de comunicación más intensa entre lector y escritor, y sobre todo entre lector y medio.
Pasear en un día primaveral por los puestos de cualquier feria del libro, ojear y hojear libremente los volúmenes que nos llaman más la atención, acaso conocer al autor y pedirle que nos dedique un ejemplar de su libro, son placeres que el libro electrónico todavía no ha logrado recrear ni por aproximación.
¿Cómo se firma un ebook? ¿Con firma digital? ¿Y la dedicatoria?
Sin embargo, quizá lo mejor queda en casa. La biblioteca de Kindle o de cualquier otro dispositivo resulta, a mi juicio, anodina y un tanto caótica, a pesar de que permita el orden según varios criterios.
Nada comparado con las estanterías físicas, en las que coloco los libros como quiero, con criterios personales y subjetivos, aunque a veces luego no los encuentre.
Pero lo mejor de todo son los lomos. Los libros digitales no tienen lomos; los libros físicos nos hablan y nos interpelan continuamente desde esos lomos que nos dan la información básica, nos distraen desde la estantería o reclaman constantemente nuestra atención.


