Ciudades de España: Salamanca
Si hablamos de ciudades universitarias españolas, ¿cuál puede superar a Salamanca?

En sus aulas pronunció Fray Luis de León aquella célebre frase de “decíamos ayer…”. En su paraninfo, Miguel de Unamuno pronunció aquel valiente “Venceréis, pero no convenceréis”. La archiconocida Fonseca —que se queda triste y sola en la canción de la tuna— es el colegio mayor con nombre de arzobispo que se encuentra en esta ciudad y que hoy funciona como residencia universitaria, en un lugar que, en algunos aspectos, no tiene nada que envidiar a algunos paradores y en el que es un privilegio alojarse.
Si pensamos en ciudades monumentales y centros históricos, probablemente una mayoría situaría a Salamanca en un top cinco, en el que es evidente que no faltaría Toledo.
Además, pocas ciudades pueden presumir de tener dos catedrales: una Vieja, construida entre los siglos XII y XIV, y una Nueva, levantada entre los siglos XVI y XVIII, ambas de extraordinario valor arquitectónico.
Por si lo anterior fuera poco, encontramos la iglesia de los jesuitas más espectacular de España y la única Plaza Mayor que puede competir en belleza con la de la mismísima Villa y Corte. Esta última es herreriana; la de Salamanca, churrigueresca. Cada cual puede tener su preferida, pero pocos dudarían de que son las dos plazas más espectaculares de España.
Claro está que una ciudad no es solo su historia y sus monumentos, sino también su ambiente, la vida en sus calles y su gastronomía. En todo ello, Salamanca se sitúa en un primer nivel.
Gracias, en gran medida, a la propia Universidad, el ambiente en sus bares, locales, restaurantes, establecimientos y calles es impresionante. Sobre todo durante el período lectivo, es un lugar ideal para disfrutar de cierta vida bohemia, que a quienes ya tenemos cierta edad puede hacernos sentir algo más jóvenes, pues, a fin de cuentas, en Salamanca resulta imposible dejar de pensar —y sentir— aquello de Gaudeamus igitur, iuvenes dum sumus…
Respecto a la gastronomía, bastaría con mencionar que en esta provincia se elabora el famosísimo jamón ibérico de Guijuelo, que figura indudablemente entre los de mayor calidad y mejor sabor de España —lo que equivale a decir del mundo, porque es sabido que el jamón ibérico constituye una de nuestras grandes aportaciones a la cultura universal— para comprender el nivel del que estamos hablando.
Pero cabe añadir también sus numerosos embutidos y platos tradicionales, las excelentes carnes de vacuno, cordero y cabrito —aunque en esto compita con algunas provincias vecinas—, así como una magnífica casquería, para hacerse una idea más completa de su riqueza gastronómica.
Incluso hay truchas del Tormes, aunque un servidor es más de carnes.
En fin, un lugar al que volver siempre que se pueda, porque, aunque es sabido que Quod natura non dat, Salmantica non præstat, la verdad es que cada visita a esta ciudad única sí que “presta” y recompensa con creces el viaje.



