Restaurantes de Toledo: Adolfo
Inicio tal vez una miniserie dedicada a algunos de los restaurantes más interesantes de nuestra ciudad. Y me parece muy justo comenzarla por el restaurante Adolfo. O, para ser más precisos, por los restaurantes del grupo Adolfo, porque además del “clásico” de la calle Hombre de Palo, hoy es posible degustar la gastronomía de nuestro más famoso chef en otros restaurantes, como por ejemplo en el espectacular cigarral de los Viñedos de Santa María, o en plena plaza de Zocodover, con una fabulosa terraza mirando al Alcázar.
Cualquiera de ellos será buena opción, porque Adolfo es, desde su nacimiento en 1979, garantía de excelencia, además de un emblema de la gastronomía toledana. De hecho, comer en Adolfo es en sí mismo, para muchas personas, un motivo de peso para venir ⎯o volver⎯ a la ciudad imperial.
En este casi ya medio siglo, Adolfo se ha desarrollado y se ha adaptado a los tiempos, pero creo que la fórmula esencial sigue siendo la misma: la fidelidad a la mejor gastronomía local, con la máxima calidad en los productos, el mayor esmero en la elaboración gastronómica, pero también un deseo de innovar y estar siempre a la vanguardia.
Es verdad que, para un presupuesto común, no es un restaurante para ir todos los días, pero desde luego es un lugar para repetir y volver siempre que la ocasión lo permita. Así lo hice por última vez el día del Corpus, en el Adolfo “original” de Hombre de Palo, pudiendo disfrutar de la atención de Javier Muñoz, porque afortunadamente el buen hacer de Adolfo tiene continuidad ⎯y también actualización y renovación⎯ con sus hijos.
Toda la carta es muy sugerente, pero desde siempre el menú degustación de Adolfo es una recomendación que no falla. La cantidad y calidad de los platos es incuestionable, y es así como mejor se puede disfrutar de esa combinación de tradición y renovación, de comida toledana y de elementos, combinaciones y sabores sugerentes.
Verdaderamente hay platos que de antemano se sabe que van a gustar, y otros que sorprenden por la originalidad y que marcan la diferencia. Hay entrantes, pescados, carnes y postres, y todo ello se disfruta en ese maravilloso patio toledano, con la mejor de las atenciones.
En fin, ninguna comida es completa si no se logra un buen maridaje con el vino, y en eso Adolfo destaca de manera incuestionable entre los restaurantes toledanos. La carta de vinos es excepcional, y siempre será una buena opción dejarse aconsejar por Miguel Ángel, un sumiller con mucho conocimiento, criterio y amabilidad, un verdadero profesional que creo que es lector de esta columna.
Para terminar, una visita a la impresionante, afamada y muy variada bodega, ubicada en unas cuevas judías a pocos minutos del restaurante.
En fin, una comida para enmarcar.


