Solo fútbol
Sí, es solo fútbol. Un simple juego. Ganar solo significa eso: que has marcado más goles que el rival.
Cuando se pierde, vale siempre aquello de “más se perdió en Cuba”. Hay que saber ganar y saber perder, y no hay que extremar ni la pena —o la rabia— por la derrota ni la alegría por la victoria, pero la verdad, puestos a extremar y siempre desde el respeto… mejor la alegría de la victoria.
Y mucho más en el caso de este Mundial de 2026, porque si hay una victoria justa, esa ha sido la de España.
Ha ganado a todos, con la excepción de Cabo Verde (que orgullosamente puede decir que ha sido la revelación del Mundial), y ha demostrado ser mejor que todos sus rivales sin excepción.
Ha vencido siempre limpiamente y con buen juego, no ha tenido ninguna ayuda arbitral, ha sabido siempre cuál es su juego y lo ha mantenido con independencia del rival, y de si este jugaba más o menos limpiamente o prefería incurrir en todo tipo de subterfugios, trampillas o provocaciones.
Y así ha superado uno por uno a todos sus rivales, en el Mundial más largo y con más equipos de la historia.
Es solo fútbol. Desde luego.
Ganar el Mundial no sirve para superar los problemas políticos, sociales o económicos, ni los individuales, ni los del país. Pero tenemos todo el derecho a celebrar y alegrarnos.
Y si, además de todo, eso sirve para unir a toda una nación en un sentimiento, pues mucho mejor.
No estamos —desde luego— sobrados de motivos o circunstancias que nos permitan sentir y actuar como comunidad. Nunca hay ni habrá unanimidad, pero también raras veces hay consenso, y esta es, sin duda, una de ellas.
Estamos ante un hito histórico, sin duda, y aunque no significa más que lo que significa, y aunque ninguno de nosotros tenemos mérito alguno en ese balón que Ferrán Torres logró mandar a la red en el minuto 106… pues ¡qué caramba!, nos sentimos orgullosos, y no hay nada malo en ello.
Como cuando nos sentimos de igual modo por los éxitos de un hijo, de un familiar o de un amigo, en este caso lo hacemos porque todo un equipo, en representación de toda nuestra comunidad y compartiendo nuestra bandera, lo logró.
De niño nunca creí que pudiera ver a España ganar un Mundial, y ya lo he contemplado dos veces. Cómo no sentirme contento.
Porque además, sin pretender magnificar la importancia de nada, detrás del fútbol de esta selección campeona del mundo hay valores importantes, como el del trabajo en equipo, en el que quizá no ha brillado ninguna individualidad, pero lo han hecho de algún modo todos y cada uno de los que han jugado.
Y también De la Fuente, que ha logrado transmitir como nadie la importancia de anteponer el interés común y de trabajar con esfuerzo, honestidad y limpieza.
Es solo fútbol, sí. Pero fútbol del bueno, fútbol en el más puro estilo deportivo. Y lo ha hecho España.


