La crisis de Ceuta

Parece difícil imaginar una crisis peor gestionada, antes, durante y después de los hechos de los días 30-31 de julio de 2026. Tanto es así, que cuesta suponer que la torpeza de un Gobierno sea tan sumamente grande, lo que por supuesto da lugar a todo tipo de especulaciones.

Pero yo no voy a caer en ninguna de ellas.

Repasemos los hechos.

A pesar de los avisos, informes y advertencias de días anteriores, a finales de julio una cantidad todavía indeterminada de personas, pero que superan como mínimo las 72.000, entró a España ilegalmente nadando o caminando por los límites de la frontera de Ceuta, sin que nuestras medidas de seguridad fueran en absoluto suficientes para impedirlo, y sin que las autoridades y fuerzas de seguridad de Marruecos hicieran nada por evitarlo, sino que, más bien al contrario, hay numerosos documentos gráficos que prueban su pasividad, e incluso complicidad con el movimiento de entrada.

Aunque muchas de aquellas personas retornaron de manera más o menos voluntaria a Marruecos en las fechas siguientes, en Ceuta han quedado una cifra significativa, muchas de ellos menores, y que tampoco un mes después han podido ser cuantificadas, aunque parece que la cifra está entre los cinco y diez mil personas.

Todo ello ha generado todo tipo de problemas e inquietudes entre la población ceutí, además de la triste y lamentable situación en la que permanecen todavía muchos de los que allí se han quedado (condiciones de todo punto inadecuadas, suciedad, inseguridad, violaciones y todo tipo de violencia).

Veamos ahora la reacción del Gobierno de España.

Tras constatar que se trata de una agresión a la integridad territorial de España, el Gobierno:

1) dio por normalizada la situación a las 24-48 horas de los hechos (basta recordar las frases del Ministro del Interior en su visita a Ceuta, o el famoso tuit de “otra crisis resuelta por Pedro Sánchez”);

2) exculpó en todo momento a Marruecos de toda implicación o responsabilidad, destacando su decidida colaboración con España;

3) buscó un conglomerado de responsables, incluyendo a las mafias, a Rusia, Israel, Elon Mask y todo tipo de contubernios de la derecha nacional e internacional;

4) para mantener su tesis, no le importa leer el informe de la policía que implica a Marruecos de forma distinta a como lo puede hacer cualquier lector imparcial;

5) no ha tenido reparo en apuntar críticamente al monarca —que no puede defenderse—, ni tampoco en cuestionar a nuestros propios servicios de inteligencia ni a nuestra ministra de Defensa, única que, en los días iniciales, mantuvo un criterio más sensato.

¿A qué se debe esta actitud, injustificable, no compartida por nadie más que por el sector socialista del Gobierno, y ni siquiera muy “recomendable” políticamente a unos pocos meses de las elecciones generales?

Cada quien, que juzgue.