Otra graduación

Hace ya unos cuantos años que me dedico a la docencia universitaria y, cada año por estas fechas, vivo de algún modo el acto de graduación de quienes están concluyendo su carrera universitaria, al menos en su primera etapa.

En su día ya escribí un “Miradero” sobre el asunto de la graduación y, aunque tengo con mis lectores y conmigo mismo el compromiso de escribir siempre algo diferente y no repetirme en este espacio, no lo incumplo si vuelvo a hablar del tema.

Porque, como escribió Machado, “todo pasa y todo queda”. Así, estos actos, como nuestra propia procesión del Corpus Christi, que hemos vuelto a celebrar, como cada año, el mismo día en que escribo estas líneas, o como tantos otros actos más o menos solemnes y rituales que repetimos anual o periódicamente, son siempre iguales y, a la vez, siempre diferentes.

Cada año hay un grupo de alumnos que celebra de algún modo haber llegado a este punto, ya sea punto y aparte o punto y seguido, de su vida. Pero cada alumno es único y diferente. Ayer eran Luis o María; hoy es Roberto; mañana será Victoria, y tantos otros a quienes conozco no solo por sus nombres y apellidos, sino también, en la medida de lo posible, por sus circunstancias, su vida y sus inquietudes, siempre individualmente únicas e irrepetibles, aunque también, de alguna manera, en parte generacionales.

¿Qué puedo decir a los cursantes que terminan este año su carrera?

Primero de todo, no nos hagáis demasiado caso a los “viejos” cuando de alguna manera insinuamos, o incluso os hacemos sentir, que “en otros tiempos” los alumnos estaban más preparados, eran mejores o sabían más.

Eso no es cierto. Y aunque a veces podamos tener la sensación de que el poeta tenía razón cuando escribió aquello de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, se equivoca quien así piense.

En cambio, acertamos cuando decimos que esta es la mejor promoción que hemos conocido nunca. Y si volvemos a decirlo el año próximo, no es porque seamos aduladores o porque mintamos, sino porque, sin duda, cada promoción supera a la anterior en algún aspecto. Cada grupo —y cada alumno— posee cualidades que los anteriores no tenían, o no tenían del mismo modo.

Así que mejor os diría que disculpéis los errores que los profesores hayamos podido cometer en vuestra formación. Que, si en algún aspecto no os habéis sentido estimulados, es porque no hemos sabido transmitiros nuestra vocación o el valor de lo que hacemos.

Que muchas gracias por hacer que los profesores que creemos en nuestra labor podamos sentirnos útiles. E incluso muchas gracias por permitirnos afrontar cada día un nuevo reto.

Que vuestro futuro es, sin ninguna duda, como el de todos, una hoja en blanco. Y lo que se escriba en ella dependerá únicamente de vosotros.

Enhorabuena, Roberto. Enhorabuena a todos.