La separación de poderes y los aranceles

En este mundo que parece haber enloquecido, con el populismo presente incluso en los gobiernos de las democracias más consolidadas; en el que el (todavía) país más poderoso del planeta está regido por una persona caprichosa que no parece respetar ninguno de los principios que realmente hicieron grande a su país y a occidente, y que en algunos aspectos parece tener la actitud de un niño antojadizo… En un mundo así, es muy importante que los límites, controles y contrapesos, que son imprescindibles en cualquier Estado de derecho, funcionen correctamente. Si nos preguntamos cuáles son los más importantes entre esos contrapesos, diría dos: la libertad de prensa que garantice una opinión pública libre, y la separación de poderes. Por ello, y no en vano, los gobiernos populistas suelen tener como primer objetivo derribar o erosionar ambas. Pero ahora me quiero centrar, sobre todo, en la separación de poderes y, fijándome sobre todo en los Estados Unidos, creo que la pregunta no es si el populismo llegará al Gobierno del país -porque eso ya, indudablemente, ha sucedido- sino si los mencionados contrapesos servirán como auténticos “diques” frente a los excesos de ese poder político populista. Y es ahí donde se puede distinguir la situación de los Estados de derecho fuertes y consolidados, de los que solo lo son de forma endeble o nominal.

Para el caso de los Estados Unidos, mi apuesta hace tiempo no es que a Trump le vaya a entrar la cordura y quiera, por sí mismo, volver a conducirse como un presidente democrático sometido en todo a los límites constitucionales y al papel de los otros poderes… sino que el Estado de derecho resistirá, y por eso todo lo que estamos viendo últimamente será reversible. Las instituciones son fuertes. En este contexto, no cabe sino interpretar como una buena señal la reciente sentencia de la Corte Suprema sobre los aranceles. Porque, en efecto, un tribunal de mayoría inequívocamente conservadora, y en parte por nombramientos que realizó el propio Trump, no se ha comportado como un órgano plegado al poder político, sino más bien como un verdadero contrapeso frente a los excesos del poder ejecutivo. Porque además, esta resolución tiene como fondo esencial la idea de la defensa de las competencias que la Constitución atribuye al Congreso, frente al propio ejecutivo. Es decir, que con carácter general la competencia para establecer los aranceles corresponde al legislador. No se olvide que este país nació bajo aquella premisa de que “there are not taxes without representation”. Por supuesto, hay casos excepcionales permitidos por la ley, a los cuales sin duda tratará de aferrarse Trump, pero el principio general está asentado. Y, como nos recordó Montequieu, este triunfo de la separación de poderes lo es también de la libertad ciudadana.