El paisano, especie en extinción

Lamentablemente, quizá la noticia de más impacto del reciente mes de agosto que acabamos de cerrar ha sido la impresionante ola de grandes incendios que ha castigado a amplios territorios en varias comunidades autónomas. Desde luego, los incendios se producen todos los años, pero este ha sido desgraciadamente destacado por la cantidad e intensidad de los fuegos, pero también por lo que últimamente parece convertirse en costumbre: la batalla política entre Gobierno y oposición, o entre Estado y comunidades gobernadas por el PP (que son ahora la mayoría, aunque no todas en las que se han producido estos incendios) sobre causas y responsabilidades. Esta batalla, que ofrece una pésima imagen de la clase política, no me interesa, pero creo que sí deberían interesarnos las causas por las que los incendios parecen haber cobrado dimensiones antes desconocidas. Es muy probable que ello se deba a una confluencia de factores, pero por eso mismo resulta ridículo que el presidente del Gobierno trate de explicar todo con la consabida referencia a la emergencia climática, que no puede ser una especie de “comodín” al que se acude cada vez que conviene para justificar lo que interesa.

Más bien, entre los diversos factores que pueden explicar la magnitud de estos incendios (y acaso de otros que nos esperan en el futuro) hay que dar su importancia al abandono en el que se encuentra nuestro campo y nuestra vida rural. No se trata de acudir a la ya manida expresión de la “España vaciada” – las más de las veces el vacío está en el significado de esa expresión, que se utiliza como mero pretexto para fingir preocupación-. Se trata, más bien, de entender que el abandono de la agricultura y la ganadería (en parte porque se rodean de todo tipo de trabas, límites, restricciones, prohibiciones y burocracias variadas) y la despoblación de las zonas rurales, que en no pocos casos va unida precisamente al abandono de las formas tradicionales de vida, vienen a ser factores determinantes del alto riesgo de incendios, entre otros problemas. Eso lo sabe cualquiera que salga de los despachos y “pise tierra” en tantas zonas rurales cuyo paisaje se ha transformado intensamente como consecuencia de ese abandono. Lo sabe cualquier “paisano” de la tierra, y lo han reconocido expertos como José Antonio González Díaz, profesor de Geografía y Ordenación del Territorio en la Universidad de Oviedo, que en la Nueva España explicaba hace días los incendios de este verano en Asturias aludiendo a que lo que procede es reintroducir la principal especie en extinción: el paisano. Y que si esto no se hace, nos esperan megaincendios de sexta generación. Así está la cosa, y todo lo que no sea actuar en esa línea solo servirá para adornar otros vacíos: los de los discursos, y los de los valores y formas de vida tradicionales que se pierden.