El compromiso

Nuestra sociedad tiende a ignorar o despreciar el valor del compromiso. Cumplir lo comprometido puede resultar a veces molesto o incómodo, o ir en contra de la satisfacción inmediata del deseo del momento, que parece haberse convertido en uno de los valores irrenunciables, vinculado al capricho, el placer o el puro egoísmo. Un profesor, sea de lo que sea y sin romper la neutralidad que en ciertos aspectos corresponde a la enseñanza pública, debe transmitir valores, al menos los que derivan de la Constitución. Al cumplimiento del compromiso en derecho lo llamamos pacta sunt servanda, y si bien lo pensamos es la manifestación suprema del valor superior de la libertad. En efecto, somos libres para comprometernos o no hacerlo, y cuando nos comprometemos debemos cumplir -de lo contrario el compromiso carece de todo valor- o responder por el incumplimiento. Es así como la libertad se relaciona con la responsabilidad, y no se confunde con el libertinaje o el capricho, al menos en la medida en que nos relacionamos con los demás y nos comprometemos con ellos. Es verdad que siempre hay supuestos excepcionales, y por eso también en derecho conocemos la cláusula rebus sic stantibus o los supuestos de caso fortuito o fuerza mayor, pero las excepciones son eso, y una persona responsable debe hacer todo lo que esté a su alcance y solo así logrará ser (como también dice la primera ley scout) digna de confianza. Puede que a alguien le suene todo esto muy antiguo o superado. Por eso, cuando alguien me dice en tono de crítica que hago algo solo por compromiso, o que todos los que participan en un evento, reunión o lo que sea lo están haciendo en realidad por compromiso, le respondo siempre que no conozco un motivo más noble, a excepción solo de la amistad y del amor. Pero si bien se mira, cuánto de compromiso bien entendido hay en una relación de amistad o en el amor verdadero.

Así que en este inicio de curso voy a hablar a mis alumnos del compromiso, porque a veces (nunca quiero generalizar ni ser injusto) veo cómo algunos que se han comprometido por ejemplo a preparar una exposición, a presentar un trabajo o a lo que sea, a la hora de la verdad ponen cualquier excusa para no cumplir. Eso me disgusta profundamente, igual que si lo hace un colega que aceptó participar en una obra colectiva o en un congreso, por ejemplo. Y este curso todo esto es especialmente importante, porque en Castilla-La Mancha la matrícula del primer curso en todas las titulaciones ha pasado a ser gratuita. O, más exactamente, no la tiene que pagar el alumno, sino que toda la sociedad con nuestros impuestos nos estamos comprometiendo para facilitar el acceso a la educación universitaria, así que aquí el compromiso del alumno para aprovechar la oportunidad que se le da pasa a ser, en mi opinión, un auténtico deber moral.