El burócrata y el sistema de fuentes
He criticado recurrentemente la burocracia y a los burócratas.
Esto no supone una crítica al noble oficio de los funcionarios y servidores públicos (yo lo soy), porque aquí “burócrata” tiene un sentido más específico que ya definí.
Por no repetirme, me centraré hoy en otro enfoque: la definición del burócrata a través del sistema de fuentes del derecho que utiliza, que es exactamente el siguiente, siempre en el orden jerárquico propio de todo ordenamiento:
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Los criterios e interpretaciones propias sobre cómo resolver el caso, confirmados —solo en algunos supuestos particulares— con otro burócrata con el que se toma un café a media mañana (lo que le lleva media mañana).
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Una recomendación escuchada en un cursillo de formación permanente, gratuito y que daba puntos para algo. Aunque no prestó mucha atención, se quedó con esa idea.
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Alguna circular, resolución o instrucción perdida y que nadie conoce, que tiene tanto más valor cuanto más difusa sea la legitimidad de la autoridad que la dictó, y cuanto más remota sea en el tiempo y más difícil resulte de encontrar para cualquier administrado.
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Cualquier reglamento interno aprobado por un órgano colegiado, en reuniones sin quórum (aunque nadie lo hiciera notar). Los pocos presentes, por supuesto, no habían leído nada ni les importaba lo más mínimo.
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Algún artículo de alguna ley, sin importar si está dentro o fuera del ámbito competencial ni si ha sido tácitamente derogado. Lo relevante es aplicarlo sin criterio argumentativo ni interpretativo, porque “está muy claro”.
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En especial, se evita la interpretación sistemática, porque esto obligaría a conocer todas las leyes aplicables y a resolver posibles antinomias… un auténtico lío si el burócrata ya encontró un precepto legal que “le encaja”.
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La Constitución y los tratados internacionales, demasiado etéreos para el burócrata, salvo que —en un alarde de inspiración— encuentre algo que le ayude a reforzar el criterio del punto 1.
Aunque parezca increíble, con los años uno se va adaptando a que estas son las reglas del juego.
Porque sabe que, aunque muchas veces todo eso podría corregirse en sede judicial aplicando el sistema de fuentes “como Dios manda”, casi siempre, cuando eso ocurre (si es que finalmente ocurre), ya es tarde.
Por ello, en la práctica, lo más ágil y operativo es intentar incidir directamente en la fuente número 1.
En resumen, el burócrata al final manda. Y así estamos…



