Ciudades de Iberoamérica: Asunción

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Es la pequeña capital de este relativamente pequeño país de Suramérica, el único sin salida al mar junto con Bolivia, y aproximadamente equidistante del Atlántico y el Pacífico. La ciudad participa de esa idiosincrasia típica del Paraguay, compatible con algunas influencias o similitudes con los limítrofes Argentina y Brasil. Pero Paraguay es único y también lo es Asunción, que logra una convivencia hoy bastante armónica entre el elemento hispano y el indígena. Más que contraste, cabría hablar de sincretismo. Todo lo guaraní es de algún modo esencia nacional, empezando por la moneda y siguiendo por la condición de esa lengua como oficial y ampliamente conocida por buena parte de la población, aunque no pertenezcan a esa etnia. De hecho, no resulta inusual ver a personas muy “blanquitas” y altas hablar (o cantar) en esa lengua armoniosa, profunda y llena de sentimiento y sensaciones. Y es así como en este lugar como en muy pocos el indigenismo profundo convive y se mezcla sin enfrentarse ni reprochar nada al elemento hispano, igualmente arraigado. Todo un ejemplo en los tiempos que corren. Y eso sin olvidar la invocación constitucional a Dios (preámbulo), o la mención al “protagonismo de la Iglesia Católica en la formación histórica y cultural de la Nación” (art. 82).

Asunción

En este contexto encontramos esta ciudad tranquila y no exenta de cierto encanto, que mantiene sin problemas una calle dedicada a Colón, y en su escudo la imagen del hecho que le da nombre, así como un castillo y un león (aunque no tan inequívocamente españoles como los del escudo de la ciudad de Concepción, que aparecen incluso coronados). Que a pesar de su antigua fundación en 1541, nos muestra en la fisonomía de su centro sobre todo una intensa presencia de edificios neoclásicos, en no pocos casos decimonónicos, de indudable elegancia y sencillez, comenzando por la catedral y siguiendo por casonas y palacios, incluyendo el de López que alberga la presidencia, entre tantos otros de cierto interés, que -eso sí- contrastan con la presencia de otros edificios mucho más recientes y mucho peor conservados, ofreciendo una imagen extraña y diversa, tan propia de algunas  ciudades de Iberoamérica. Pero no se puede conocer ni entender Asunción sin referirse al río Paraguay, amplio y caudaloso ya a estas alturas, y que pertenece a una de las cuencas más caudalosas del continente, ya que viene a confluir con el Paraná para terminar formando el estuario de la Plata. Hoy la ciudad de Asunción mira a su río, mostrándonos en esa zona no solo un impresionante y moderno puente, sino también un amplio malecón que llaman Costanera y que constituye en la actualidad una zona agradable para el asueto o el paseo. En suma, una capital única por la personalidad de sus elementos, a la que se puede ir sin pretensiones para disfrutarla tal y como es.