Mucho abuso

Es muy importante conocer y entender nuestra historia, pero no para condenarla ni tampoco para justificarla, sino simplemente para entender quiénes somos.

A partir de ahí, es inútil y absurdo juzgar, con nuestros valores, lo sucedido en otras épocas que asumían una concepción del mundo y de la vida muy diferentes. Del mismo modo, es absurdo, ridículo y hasta patético renegar de una parte de lo que somos simplemente porque alguien en el pasado hizo cosas que hoy no nos parecen adecuadas.

Individualmente, cada quien puede, si lo desea, buscar su árbol genealógico para conocer sus ancestros; y, por cierto, lo más seguro es que encontrará en ellos una gran variedad de orígenes. Pero, como comunidad, somos fruto de una diversidad de pueblos y religiones.

Sería irrisorio, por ejemplo, que alguien renegase de nuestro pasado islámico, judío o incluso visigodo o romano. Pero es igualmente injustificable, además de demagógico, que alguien en México, o en cualquier otro país hispanoamericano, quiera renegar, cuestionar o considerar externo su pasado hispano —o, por mejor decir, el elemento hispano—, tan fuertemente arraigado en su cultura actual, al menos, como el elemento indígena.

Si entendemos que el abuso es “exceso”, “injusticia” o “atropello”, es innegable que hubo abusos en la conquista española de América. En gran parte de los casos, esos abusos se manifestaron en incumplimientos de las leyes, que, en el contexto de la época, en modo alguno podrían considerarse injustas, sino, en general, más bien proteccionistas: verdaderos instrumentos de la acción tuitiva de los indígenas, siempre buscada por la Corona.

Por supuesto, incumplimientos de este tipo los hubo también en la conquista inglesa o en las diversas sociedades prehispánicas que ocupaban ese territorio hace más de cinco siglos. Y, quizá con especial intensidad, en las sociedades posteriores a la independencia. Así, hasta el mundo actual, en el que también existen esos abusos.

Nada tendría de sorprendente reconocer eso, como ha hecho Felipe VI, si no fuera por todo lo que precede y rodea a esas declaraciones. Que, por lo demás, deben contextualizarse con el reconocimiento de otros hechos igualmente innegables, como la referida legislación que siempre buscó la protección de los indígenas, los instrumentos de garantía y sanción frente a los incumplimientos —aunque no siempre funcionaran correctamente, como tampoco ahora— y otros muchos elementos que llegaron al continente americano desde España y Europa, desde las universidades hasta los derechos humanos, entre otros muchos factores de nuestra cultura, que hoy es, pese a quien pese y en muy buena medida, una cultura común.

Por lo demás, si algo caracterizó la acción de España en América fue la capacidad para la reflexión y la autocrítica, hasta el punto de que, en un momento dado, el rey ordenase parar toda conquista hasta revisar si esta era legítima. Casi nada.