75 años del Convenio de Roma

Era el 4 de noviembre de 1950. La Segunda Guerra Mundial había terminado hacía cinco años e, inmediatamente después, se habían constituido las Naciones Unidas, que en 1948 adoptaron la Declaración Universal de Derechos Humanos.

En 1949 se suscribió el Tratado de Londres, en el que diez Estados de Europa occidental creaban el Consejo de Europa, y una de sus primeras obras fue ese convenio firmado hace ahora 75 años con el nombre de Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales, conocido de forma abreviada como Convenio de Roma.

Era un texto inspirado en la propia Declaración Universal, pero de ámbito europeo y rodeado de mayores garantías, no solo por su condición de tratado internacional, sino por el establecimiento de un sistema de garantías institucionales bastante elaborado. Inicialmente pivotaba sobre la Comisión Europea de Derechos Humanos y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, además del Comité de Ministros del Consejo de Europa.

Tras las profundas reformas introducidas en sucesivos protocolos —en especial el Protocolo número 11—, el sistema se ha centrado ya en el Tribunal con sede en Estrasburgo, como todas las instituciones del Consejo de Europa.

Tres cuartos de siglo después de la firma de aquel texto —que España, como es lógico, no ratificó hasta 1977—, no es exagerado decir que el Convenio de Roma es una de las cartas de derechos humanos más importantes de la historia, y seguramente la más influyente entre las que tienen carácter jurídico vinculante.

Aunque ha sido completado, reformado y desarrollado por varios protocolos, su declaración de derechos permanece esencialmente igual, pero su ámbito de aplicación y utilización se ha ampliado notablemente, y su desarrollo ha sido incuestionable.

Aquellos diez Estados son hoy 46, sobre los cuales extiende su jurisdicción el Tribunal de Estrasburgo, al que —precisamente desde la entrada en vigor del Protocolo 11— pueden acceder directamente los ciudadanos que aleguen violación de sus derechos por cualquiera de los Estados miembros. Se trata de un paso cualitativo único en el mundo.

En el ámbito más restringido de la Unión Europea, el Convenio de Roma también forma parte del ordenamiento jurídico y tiene, además, valor interpretativo para la Carta específica de la Unión.

De este modo, el Convenio de Roma ocupa la cúspide europea en materia de derechos fundamentales, aunque aún esté pendiente su ratificación por parte de la propia Unión.

Su influencia, gracias al diálogo entre tribunales, se extiende incluso más allá del ámbito europeo. El sistema no está exento de problemas y dificultades, pero hoy es, sin duda, un día para celebrar lo que el Viejo Continente ha logrado en materia de derechos humanos.