Primada
Algo tarde escribo este artículo, porque he tardado en visitar esta exposición imprescindible. Pero dicen que más vale tarde que nunca, y la exposición está abierta hasta el día 14 de octubre, así que todavía hay tiempo para que los lectores que aún no lo hayan hecho vayan a ver “Primada”, que por si queda alguien despistado es la gran exposición con la que se ha venido conmemorando el octingentésimo aniversario de la primera piedra de nuestra catedral.
Mi recomendación, además, es que lo hagan con calma y con tiempo; si puede ser tres horas, mejor que dos, porque así podrán —si es que no hacen la exposición con un guía humano— escuchar todas las explicaciones de la audioguía, además de leer los carteles explicativos, aunque algunos de ellos son reiterativos respecto a dichas explicaciones.
Pero, por encima de todo, porque así podrán disfrutar de una excelsa selección de esculturas, obras pictóricas, relicarios, documentos y todo tipo de objetos relacionados con estos ocho siglos de historia.
Una historia indisolublemente unida a la historia de Toledo y, por extensión, a la de Castilla y a la de España. Nadie podría negar, por ejemplo, que Rodríguez de Prada, Carrillo, Cisneros, Mendoza o Lorenzana son personajes que trascienden con mucho la historia de esta iglesia, e incluso la historia de la Iglesia.
El primer acierto es el emplazamiento, pues para mí cualquier pretexto para volver a recorrer, aunque sea en parte, los vericuetos de este maravilloso templo, que es mi favorito en el mundo, es una oportunidad que hay que aprovechar.
En este caso se entra por la puerta del Mollete, se recorre el claustro alto, el triforio y parte de las naves septentrionales, integrando a veces en la exposición espacios del mismo templo, como el propio triforio o la capilla de la descensión.
Pero, por supuesto, la exposición incluye una importante selección de objetos, algunos ubicados habitualmente en otros lugares de la misma catedral, aunque acaso no fáciles de contemplar, y otros que han venido de otros lugares de Toledo, Madrid, Palencia y otras ciudades específicamente para la conmemoración de este evento.
Es imposible, e innecesario, recoger aquí siquiera un elenco o selección de las piezas presentes en la exposición, por lo demás detalladas en general en le audioguía, que el visitante puede luego conservar para futuras referencias.
Me limitaré, por tanto, al mero apunte de las que más me gustaron, como las Vírgenes del claustro alto, la mitra de plumas —que, como tantos otros objetos de nuestra historia, nos evoca la América hispana—, las numerosas representaciones de la imposición de la casulla a San Ildefonso, algunos de los relicarios, o “las cuatro partes del mundo”.
Una exposición, en suma, a la altura de la magnitud del evento que conmemora.


