La izquierda no es corrupta
Parece imposible sacar algo positivo del debate de ayer en el Congreso, en el que quien parecía ya el cadáver político de un presidente trataba de sobrevivir y aferrarse al poder, entre quienes le exigían que lo deje o convoque inmediatamente elecciones, y quienes parecen más dispuesto a mantenerle con respiración asistida para que no caiga definitivamente, y así poder sacar provecho máximo de la situación de debilidad del Gobierno. Pero cabe, al menos extraer algo interesante, sobre todo en algunas de las declaraciones. Desde luego, hay que valorar en lo que tiene la sinceridad del independentismo catalán. Rufián afirmó que “hay que aprovechar el tiempo que quede” para “avanzar”; mientras Miriam Nogueras -aparte del chiste malo de decir que hay corrupción en España pero no en Cataluña, más cómico dicho por una “neoconvergente”- no ocultó que su objetivo es “arrancar todo lo que puedan” al Gobierno. Con todo, lo más sugerente fue el rosario de frases que el todavía presidente del Gobierno, debatiéndose entre golpe y golpe, dejó para la historia, demostrando su capacidad para utilizar sin reparos todos los argumentos falaces y populistas que a lo largo del tiempo han invocado los diversos responsables políticos cuando les cerca la corrupción y la crisis política.
En efecto, encontramos desde el clásico “¡y tu más!”, al recurso a la minimización de los casos de corrupción más cercanos, de tal manera que las gravísimas imputaciones a dos secretarios de organización del PSOE nombrados por él, personas de su mayor proximidad durante años, son solo “anécdota”. Pero entre todo lo que dijo de forma más o menos trastabillada hay que destacar dos frases memorables. Por un lado, la de que “nuestra tolerancia con la corrupción es absoluta”, inmediatamente certificada como frase acertada por el líder de la oposición, y que podría considerarse un mero lapsus, pero acaso no deje de ser reveladora de su verdadera concepción del tema. Casi sería insuperable, de no ser porque al rato, desarbolado por las críticas del portavoz de ERC, dejó la frase más destacada de toda la sesión: “La izquierda no es corrupta, la izquierda no roba”. No lo decía irónicamente, como cabría imaginar. Lo decía tratando de confirmarle a Rufián que, en efecto, tal caso no se puede dar. Lo decía como la premisa mayor de un silogismo: siendo evidente que la izquierda no es corrupta ni roba, pero siendo ya innegable que ha habido algún caso de corrupción próximo… solo cabe considerar a estos casos como anécdota. Por lo que se ve, lo de que la izquierda no es corrupta ni roba es un axioma. Es raro, porque demasiadas veces ha sido desmentido. Pero no hay realidad que pueda estropearle a lo que queda del presidente una frase que puede pasar a liderar el ranking de argumentos de populismo demagógico. La gran pregunta: ¿alguien aún lo cree?



