Fumata blanca

Me toca escribir estas líneas en esos emocionantes y breves instantes en los que la fumata blanca anuncia que los cardenales han elegido a un nuevo Papa, pero aún no sabemos quién es. De fondo escucho de forma incesante repicar las campanas de la catedral de Toledo, anunciando ya la buena nueva. Me imagino miles de campanas en todos los lugares del mundo repicando de igual modo. Esa perfecta sincronía de miles de templos, anunciando a los 1400 millones de católicos y a todo el mundo ese “Habemus Papam”. Ojalá esa sincronía se dé también en los corazones y en las almas de todos los católicos del mundo, que podemos rezar a la vez para dar gracias a Dios y para pedirle que ilumine al nuevo Papa. No me negarán que el respeto a los ritos y procedimientos formales encuentra sentido cuando tiene una finalidad, que no es la mera reiteración mecánica de algo sin saber por qué se hace, sino la de dar rigor, solemnidad, y convertirse en signo externo de uno de los actos más importantes de la Iglesia católica. Desde la preparación de la reunión a la propia fumata blanca, pasando el “extra omnes”, las fumatas negras, los protocolos del propio cónclave, los mecanismos para asegurar por completo el secreto de todo lo que se produce en la Capilla Sixtina… todo tiene un sentido y todo se cumple a rajatabla. Quizá esas deliberaciones son lo único que todavía no se “filtra” a los medios en esta época de transparencia y ausencia de secretos.

Como siempre, se ha especulado tanto sobre quienes eran los favoritos, los que tenían más opciones. Se ha clasificado a los cardenales con criterios supuestamente políticos, ideológicos, geoestratégicos… Todo son comprensibles especulaciones humanas. Quién estará más o menos cerca de la línea abierta por el Papa Francisco, de Trump, de Erdogan… ¡yo qué sé! También sobre si el nuevo Papa será más o menos sensible a los problemas del mundo, de la gente. Si sabrá “actualizar” a la Iglesia católica, adaptarla al siglo XXI. En realidad, como escuché decir a alguien hace unos días, para un creyente católico lo verdaderamente importante es que el nuevo Papa esté cerca de Cristo. No diré que en estos momentos no sienta curiosidad por saber quién será el nuevo pontífice de la Iglesia católica, posición que suele venir acompañada, además, con la de referencia espiritual y moral de primer nivel en el mundo. Pero la verdad es que solo pienso que, si los cardenales han sabido decidir bajo la iluminación del Espíritu Santo, sea cual sea la decisión, esa será acertada. Y no puedo dejar de alegrarme por el hecho de que hayan tomado esa decisión y la silla vacante de San Pedro vuelva a estar ocupada. Qué importante es la forma, cuando sirve realmente a un fondo. Habemus Papam!

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