No comentaré propiamente “la sentencia”, ya hay muy abundantes opiniones de juristas mucho más expertos que yo. Lo importante es que esta se ha publicado después de un proceso con todas las garantías, por un tribunal imparcial, y como parte de un Estado de Derecho que funciona. Pero me gustaría detenerme en una idea relacionada con todo lo sucedido en aquellos aciagos días de 2017, como consecuencia de un largo proceso iniciado años atrás. Porque ciertamente hubo fuerza y violencia, además de un abrupto quebrantamiento del ordenamiento constitucional; y desde luego parece que esa violencia no resultó suficiente para alcanzar el objetivo de la independencia, pues es notorio que esta ni se produjo, ni probablemente estuvo cerca de producirse. Dejaré de lado también la cuestión de si tiene sentido que el legislador penal establezca un delito que nunca puede castigarse (si no alcanza su objetivo no se produce, y si lo alcanza… la soberanía española, y con ella el Código penal, no alcanzaría a imponerse sobre un nuevo Estado). Lo más importante, y que va más allá del ámbito jurídico penal, es recordar por qué la independencia de Cataluña no se produjo en aquel momento.

No fue, a mi juicio, porque se tratase de una “ensoñación” poco menos que imposible. Los hechos demuestran, y no hace falta irse demasiado atrás en el tiempo, que algunos Estados se independizan de otros, y no siempre (en realidad, muy pocas veces) esa independencia se consigue sin acudir a posiciones de fuerza. Si la independencia no se consiguió, fue por circunstancias totalmente ajenas a quienes la impulsaron de forma ilegal e ilegítima. Fue por una combinación de muchos otros factores. Fue porque el Tribunal Constitucional vino anulando todos y cada uno de los pasos que, en términos jurídicos, se habían dado hacia la independencia, y adoptando las medidas necesarias para imponer esa nulidad. Fue porque inmediatamente se instó la acción judicial, precisamente con la presentación por el Fiscal General del Estado de las querellas que ahora se han resuelto. Fue porque el Gobierno, con el apoyo del Senado, aplicó el artículo 155 desarticulando con ello todo el entramado de dirección de ese quebrantamiento constitucional. Fue porque las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad impusieron el orden. Fue porque el rey pronunció un discurso crucial, y porque seguramente confortados por las palabras del jefe del Estado, esa (al menos) mitad de catalanes que quieren seguir en España se dejaron ver como nunca. Fue porque, aunque quizás el Estado no había sabido dar la “batalla” del relato de los hechos en el plano internacional, si hizo bien su papel a nivel institucional, de manera que NADIE en el mundo reconoció aquella declaración de independencia. Fue porque, por una vez, todos los poderes y la mayoría de ciudadanos que apostamos por un proyecto común en un Estado democrático de Derecho remamos al unísono en la misma dirección. Los que impulsaron la independencia por la vía unilateral y rupturista hicieron todo lo que estaba a su alcance para conseguirla. Y, como muy claramente han dicho, lo volverán a intentar, y si no se vuelven a dar todas esas circunstancias, lo podrían conseguir. La “ensoñación” es pensar que, por algún tipo de razón poco menos que sobrenatural, la independencia no se puede dar.

 

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