Aprovechando que la tranquilidad de agosto presta a Toledo un peculiar encanto (o, si ustedes lo prefieren, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid), retomo esta semana aquella serie de artículos dedicada a calles y lugares del casco histórico, rincones del Toledo más universal y eterno, y rincones también de mi vida, de mi corazón y del baúl de mis recuerdos. En este caso dedicaré algunos artículos de la mini-serie a algunas plazas emblemáticas de la ciudad.

 

Valdecaleros es sin duda una plaza singular, pero típicamente toledana, porque todas las calles que a ella llegan (o que de ella salen, porque todo es relativo) son verdaderamente estrechas, hasta alcanzar en algún caso la categoría de vericuetos. En efecto, y midiendo las anchuras con parámetros contemporáneos, allí va a dar la calle Algibillos, por la que escasamente cabe un coche (pero es de doble sentido); el callejón del Gordo, por la que cabe un hombre si no es muy gordo, o una moto si no es muy ancha; el tortuoso callejón de bodegones, que desde luego sólo permite que caminen las personas y a tramos casi “en fila india”; y el callejón de las Bulas, que sería la prolongación de la calle de Algibillos y no es más ancho que ésta. Luego está ese pequeño tramo o codo en el que fácilmente se roza el paragolpes o la chapa del coche, que comunica con la calle de San Pedro Mártir, y que nunca he sabido cómo se llama o si tiene nombre. Así que con esas estrecheces en sus accesos, la plaza es una tortura para los vehículos motorizados (que sin embargo parecen tener predilección por este lugar, del que tienden a adueñarse). En cambio, para las personas, y a pesar de los coches, esta plaza es una delicia, un remanso de paz y tranquilidad, con sus arbolitos y su aire casi pueblerino. Hoy la proximidad con la Universidad le ha dado un cierto movimiento, y también la ha rejuvenecido con el tránsito de los estudiantes. Hay en la misma plaza un bar, y muy cerca, en el callejón de Bodegones, el conocido restaurante “la Naviera”, siempre recomendable. En lo personal, Valdecaleros es para mí una plaza muy especial y evocadora de múltiples recuerdos y sensaciones, pues desde mi infancia la he frecuentado por razones familiares, y hoy lo hago por motivos profesionales, y así he podido ver poco a poco lo que se mantiene y lo que ha cambiado…