Es uno de los rincones más atractivos, agradables y tranquilos del casco histórico. Plaza irregular en su forma, como tantas en Toledo, y también en el nivel de su suelo, que va descendiendo desde la iglesia hasta el extremo opuesto en el que comienza la calle Sixto Ramón Parro. Es, además, una plaza muy histórica, que cuenta con una notable iglesia, la de los santos Justo y Pastor, comenzada en el siglo XIV en estilo mudéjar, aunque hoy nos muestra un aspecto mucho más barroco, destacando la esbelta torre sobre los edificios próximos. Pero además, la plaza posee también el valor histórico que le dan sus residentes ilustres, destacando algunos célebres arquitectos, como Juan Guas (autor entre otras obras de san Juan de los Reyes), o Narciso Tomé, famoso por el “transparente” de nuestra Catedral. También Lope de Vega llegó a vivir en un callejón próximo a la plaza. Callejones que, junto a las diversas calles que en ella convergen, son todavía hoy uno de los mayores atractivos de este lugar, que aún nos muestra el valor de ciertas casonas renacentistas que en su momento fueron habitadas por las autoridades o el clero de la época.

 

Mucho más recientemente, ya en el tiempo que nuestra memoria alcanza a recordar, la plaza de San Justo era un lugar de encuentro bastante animado, conservando su carácter residencial, así como algunas tiendas de comestibles de las que entonces se llamaban “de ultramarinos”, y que hoy casi han desparecido de nuestras ciudades ante el imparable auge de los grandes centros comerciales. Luego tuvo su sede en esta plaza uno de los Juzgados de la capital, y en las proximidades, en el edificio de San Juan de la Penitencia, estuvieron algunas dependencias del Colegio Universitario, todo lo cual dio cierta vida a la plaza, con algunos bares y establecimientos. Hoy, como tantos otros lugares del casco, ha ido perdiendo en animación y ganando en tranquilidad, que a veces raya ya en la pura soledad y en el abandono, pero sigue siendo un lugar encantador, incluso para residir, si se busca la paz y el atractivo inigualable del Toledo histórico. Y de hecho en la zona hay viviendas que, tras su rehabilitación, vuelven a ser una opción bien interesante, permitiendo (ojalá que así sea) la recuperación de un barrio que de otro modo podría convertirse en un lugar fantasma.