Seguramente lo más conocido y destacado de esta plaza toledana es su historia, pues la misma ocupa el lugar en el que se ubicaban las casas de la famosa familia comunera. La demolición de las mismas, ordenada por Carlos V para borrar de la memoria de los toledanos cuanto tuviera que ver con los “rebeldes” comuneros, dio lugar  a este espacio abierto que, en contra de lo que es frecuente en el Toledo histórico, tiene hoy una forma bastante regular y homogénea, dando lugar (casi) a un rectángulo perfecto. Por lo demás, de la misma plaza de Juan de Padilla, siguiendo con los mismos recuerdos históricos, sale la calle de María de Pacheco, dedicada a la esposa del famoso comunero toledano, que tras la ejecución de éste en Villalar continuó dirigiendo las revueltas  en Toledo durante meses, con el apoyo de algunos leales. Y por seguir con la historia, también en esta plaza residió (y nació) Garcilaso de la Vega. Para ser más exactos, la casa del poeta estaba en la estrecha calle que hoy lleva su nombre y que desciende bruscamente desde la misma plaza.  Por cierto que, como  es sabido, los restos  del autor de las “Églogas” (en las que el “cristalino Tajo” se nos antoja tan diferente al río que hoy pasa por nuestra ciudad…) reposan hoy en un lugar muy próximo, como es la iglesia de San Pedro Mártir.

 

Un lugar, por tanto, cargado de historia, que nos remite al Renacimiento, tanto en el aspecto literario, como en el relativo a los hechos vinculados a las comunidades de Castilla y ya aludidos, previos al momento en el que Toledo se ganó su título de “ciudad imperial”, cuando el emperador nacido en Gante ubicó su Corte en la ciudad del Tajo. Hoy es una tranquila y agradable plaza, en la que se ubican también algunos recintos universitarios (como la Facultad de Humanidades, que es un edificio realmente interesante y muy bien rehabilitado, o la residencia “Gregorio Marañón”), y en la que quedan residencias notables y de interés. Los coches compiten por ocupar su espacio, con los bancos para sentarse, muchas veces vacíos, y con los estudiantes que por allí transitan. Para la mayoría es seguramente un lugar de paso, bien de ingreso a zonas más céntricas a través de la calle Esteban Illán, bien de salida hacia las escaleras mecánicas, o de comunicación hacia lugares más próximos y bien interesantes como la iglesia de santa Eulalia, el convento de Santo Domingo el Antiguo, o la iglesia de Santa Leocadia.