Creo que cualquier profesor quiere de algún modo ser como el personaje que interpreta Robin Williams en “El club de los poetas muertos”. Un profesor cercano y cordial, pero no por eso menos exigente o despreocupado, y cuyos métodos más bien heterodoxos en su contexto, tienen como claras finalidades la transmisión del gusto por el conocimiento (en particular el de una disciplina o ciencia determinada), y más allá de ello, la de formar personas con determinados valores. Yo, desde luego, reconozco que más de una vez he sentido ese deseo, aunque otras veces quiero creer que prefiero un estilo algo más “equilibrado” y convencional. En cualquier caso, aunque en 1989, año en que fue estrenada esta película, yo aún era estudiante, ya sentía cierta vocación docente (contrastada con algunas experiencias no profesionales), y desde luego el largometraje me impactó. Pero aunque es claro que ésta -como por otro lado todas las demás de esta “serie”- es una de las “películas de mi vida” por razones personales, creo que no le faltan motivos objetivos para ser considerada una gran obra cinematográfica.

 

“El club…” cuenta una historia interesante, pero supera a otras muchas películas en las que un profesor es capaz de motivar y transformar a un grupo de alumnos, como “Rebelión en las aulas” y tantas otras. Por un lado, porque el planteamiento es más original, ya que aquí los alumnos no son considerados como un bloque de “rebeldes”, o al menos conflictivos o con problemas, sino más bien como una suma de personalidades diversas que son retratadas individualmente con sus particulares aspiraciones y formas de ser. Por otro, por el magnífico guión, plagado de hermosas citas, y las muy logradas interpretaciones de Robin Williams y del grupo de actores más jóvenes. También por las cuidadas escenas, como la emblemática en la que uno a uno los alumnos suben al pupitre recordando el “¡oh, capitán, mi capitán!”, tantas veces imitada. Y, desde luego, por la maestría con la que logra transmitir el valor del amor por la vida y el mensaje de que hay que vivirla intensamente y buscar siempre los sueños…