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A lo largo de mi vida, he podido ir comprobando cómo las diferencias que hace décadas nos separaban, en demasiados aspectos, de los países más avanzados de Europa, se han ido mitigando hasta desparecer en gran cantidad de ámbitos. Lamentablemente, creo que queda alguna que se resiste. Me refiero en concreto a los aspectos medioambientales, y en particular a la menor conciencia medioambiental que veo (siempre generalizando, con lo que ello pueda tener de injusto) en España, si nos comparamos con los países nórdicos y otros mucho más avanzados en esta materia. Nuestra Constitución protege el derecho de todos “a disfrutar del medio ambiente”, pero también el deber de conservarlo. Y nuestras leyes desarrollan razonablemente este mandato, pero… otra cosa es la conciencia medioambiental, en el sentido de la asunción profunda de ese deber, y de lo que cada uno ha de hacer para contribuir a esa preservación. Como exigir se nos da muy bien, y además las modas se extienden rápido, tenemos muchos “ecologistas de tuit”, y también de “pancarta y manifa”, siempre dispuestos a reclamar con contundencia a gobiernos y grandes empresas medidas que impidan o reviertan el cambio climático, la deforestación o la extinción de especies de seres vicios. Y eso está bien, pero no estoy seguro de que todas esas personas lleven a cabo en su vida pautas sencillas para contribuir a esa protección medioambiental. De lo contrario, nuestras calles y nuestros espacios naturales estarían mucho más limpios. Algunas de esas pautas requieren un mínimo conocimiento -por ejemplo, las relativas al reciclaje o al ahorro de papel-, pero otras son de una obviedad tan palmaria, que parece increíble que se incumplan de forma tan generalizada. Basta ver, por poner un ejemplo toledano, cómo queda el Valle, cada año, después de nuestra romería más importante. O sentir la vergüenza ajena de ver residuos plásticos de todo tipo en paisajes especialmente protegidos, e incluso en parques nacionales. Pero igualmente dañino es verlo en la calle o en el parque. El medio ambiente empieza en tu casa y en tu ciudad, pero muchos parecen ignorarlo.

BASURA DEPOSITADAS EN LOS PINOS

ESCOMBRERAS Y BASURAS EN LOS PINOS, PARAJE CONSIDERADO COMO ” EL PULMÓN DE LEÓN “

Lamentablemente, no parece que nuestros partidos políticos o sus líderes sean mucho más coherentes. Les encanta hacer proclamas ecologistas, pero su actuación sigue dejando de lado prácticas elementales. Ahora que estamos en campaña, lo comprobamos especialmente. En plena era digital, nuestras calles se inundan de carteles físicos. Y mucho peor, nuestros buzones se saturan de ingentes cantidades de papel con cartas, sobres y papeletas, de los cuales, en el mejor de los casos, emplearemos uno, que podemos obtener fácilmente en la propia mesa electoral. El colmo son esos libros lujosamente encuadernados, que antes los gobiernos, y ahora al menos los partidos que han gobernado (pero que también se financian con el dinero de todos), editan y distribuyen para hacernos llegar los numerosos logros que han conseguido. Pues no es uno de ellos el predicar con el ejemplo prácticas respetuosas con el medio ambiente, considerando que gran parte de esos ejemplares que tanto papel y tinta han gastado, acabarán en la basura. Al menos, no olvidemos reciclarlos adecuadamente. Nuestros políticos son ecologistas de tuit… y de mitin, pero pocas veces de prácticas coherentes con lo que predican.

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