Las instituciones permanecen, las personas las encarnan temporalmente, y pasan. La actuación de una persona que encarna una institución puede repercutir en la imagen que la sociedad tenga de esta, ya sea en un sentido positivo o negativo. Pero si una institución es necesaria, conveniente o positiva, no dejará de serlo porque quien la encarna o la ha encarnado un tiempo haya tenido (supuestamente) una actuación incorrecta. El debate entre monarquía y república es siempre posible y lícito, y desde luego es un debate permanente en la doctrina o en cualquier sociedad. Hoy en día, y en el constitucionalismo occidental, solo se consideran legítimas las repúblicas democráticas y las monarquías parlamentarias, y si comparamos las monarquías y las repúblicas parlamentarias de Europa, no hay ni siquiera diferencias relevantes en cuanto al sistema de gobierno. Y en la práctica, tampoco en la forma de gobierno, porque nuestras monarquías parlamentarias vienen a ser “repúblicas coronadas” en las que la opción por una jefatura del Estado vitalicia y hereditaria tiene un valor simbólico y de reconocimiento a una continuidad histórica de una nación. Con todo, y en mi humilde opinión, en ese eterno debate los partidarios de la república ganan sin duda en el terreno de la racionalidad, y quizá los de la monarquía en el de la estabilidad y la continuidad histórica, pero lo que cada país debe decidir es cuál es la forma preferible desde la perspectiva de la utilidad y la oportunidad.

Algunas repúblicas de Europa occidental (Francia, Italia, Alemania) consideran intangible esa forma de gobierno, de manera que sería constitucionalmente imposible cambiarla. Pero la monarquía parlamentaria española puede modificarse, e incluso suprimirse, por el procedimiento agravado de reforma constitucional, así que cuando haya una mayoría suficiente a favor de la república, tendremos nuestra III República. Pero por todos esos motivos, los partidarios de la república deberían defenderla con argumentos referidos a las ventajas de la institución, y no basándose en las críticas a las (supuestas) actuaciones ilícitas de uno de sus titulares, y mucho menos cuando no hay nada que objetar al actual titular, y sí mucho bueno que afirmar del titular anterior, del que ahora empiezan a conocerse actuaciones que (de ser ciertas) son sin duda reprobables. Lo incoherente es que algunos de los que critican que la titularidad de la jefatura del Estado sea hereditaria, parecen considerar que sí está bien que se hereden las responsabilidades políticas. Lo peor es que desde una institución constitucional como el Gobierno alguien defienda que los hijos respondan por los padres (bueno, solo algunos) y que la actuación de una persona justifique la supresión de otra institución constitucional como la Corona.

 

P.D. 1. Este escrito se publicó en La Tribuna de Toledo el viernes 31 de julio, antes de conocer la noticia de la salida del rey Juan Carlos del palacio de la Zarzuela para residir en el extranjero. Nada que añadir a lo ya escrito tras esta noticia. Mi único comentario es que toda esta situación debe separarse de la valoración de la institución monárquica. Y que, desde luego, se equivocan quienes piensan que con esta medida se logrará que cesen los ataques a la institución. Como se ha visto de inmediato, quienes tienen como objetivo, precisamente en este momento, el acabar con la monarquía parlamentaria recogida en la Constitución de 1978, no cesarán. Es paradójico que quienes más insistían en la necesidad de medidas inmediatas (que no se aplican cuando ellos mismos son investigados por presuntos actos ilícitos), son los que más han criticado este paso. Desprestigiar y “acabar” políticamente con don Juan Carlos es, para ellos, solo un primer paso para luego hacer lo propio con Felipe VI. Y de este modo, sabiendo que carecen de la mayoría necesaria para convertir a España en República por las vías constitucionales, hacerlo por la vía fáctica del “derribo” y abandono del monarca, tratando de seguir los antecedentes de 1868 y 1931. Aunque creo que nuestro sistema constitucional es lo suficientemente fuerte, y contiene las previsiones necesarias para dar salida a cualquier situación que se presente. Solo mediante la reforma constitucional tendremos una III República, si el pueblo soberano lo quiere. Y si no, eso no se producirá.

P.D. 2. Siendo “El Miradero” una columna fija en La Tribuna de Toledo, ya que este medio no se publicará en papel en el mes de agosto, dejaré de publicar estas contribuciones durante el presente mes, sin perjuicio de expresar mis opiniones por esta vía, si lo considero oportuno. En septiembre retomaré, con mi regularidad habitual, mi columna semanal, que seguiré publicando por esta vía.

P.D. 3. A petición del diario “La Voz de Galicia” he escrito un artículo sobre la figura del rey Juan Carlos I, que compartiré por esta vía en cuanto se publique.

Fuente de la imagen: https://okdiario.com/espana/sanchez-respaldara-salida-del-rey-emerito-zarzuela-si-lo-pide-felipe-vi-5974964