Retrato de Hernán Cortés

Conmemorar no significa necesariamente celebrar, pero sí recordar hechos decisivos de nuestra historia que nos ayudan a entender lo que somos, y tal vez nos animan a profundizar en lo mejor, y a superar lo peor. Hay, en estos días, una corriente revisionista respecto a todo lo que tiene que ver con el descubrimiento y conquista de América, que, a mi modo de ver de forma sesgada, y a veces con manifiesto desprecio a la realidad histórica, pretende quedarse solo con una parte de los hechos, juzgar con valores del siglo XXI lo acaecido en los siglos XV y XVI, crear sin ningún fundamento histórico mitos de “buenos” y “malos”, y definitivamente borrar una parte esencial de lo que hoy es América. Es como si en España quisiéramos eliminar nuestro pasado musulmán o negar la profunda huella que este ha dejado en nuestra cultura.  Probablemente sin llegar a eso, ciertos complejos o un entendimiento equivocado de lo que implica conmemorar han provocado que vaya a quedar bastante ignorado el quinto centenario de dos hechos trascendentales ocurridos en 1519, como son la llegada de Cortés al territorio de lo que hoy es México, y el inicio de la primera vuelta al mundo.

Centrándome hoy en lo primero, el 10 de febrero de 1519 Hernán Cortés abandonaba las costas de Cuba, llegando el 14 de marzo a la desembocadura del río Tabasco. Tras la batalla de Centla vino la fundación de las primeras ciudades: Santa María de la Victoria y de la Villa Rica de la Vera Cruz. Luego la quema (en realidad parece que “barrenado”) de las naves y el abandono de la costa. Tras la alianza con diversos pueblos indígenas enfrentados a Tenochtitlán, Cortés llegó y entró en la capital del imperio mexica, la primera vez recibido por Moctezuma, para más tarde, tras la huida posterior a la “noche triste”, conquistar por la fuerza (y destruir) la esplendorosa ciudad que había fascinado a los españoles. Con sus sombras y sus luces, se iniciaba así un largo período, que va más allá de la independencia y llega de algún modo hasta la actualidad, de historia compartida. Como dijo Miguel de la Quadra-Salcedo “hay que ser español desde América”, y desde luego es imposible entender nuestra historia moderna sin ese Nuevo Mundo, y México específicamente juega un papel crucial en nuestra cultura y vocación americana. Pero, a su vez, me parece que no se puede ser mexicano negando el trascendental elemento hispano. Sin duda, este elemento convive con la también esencial impronta indígena, conformando una cultura que se enriquece por su intrínseca mixtura. En este mundo globalizado, hemos de intentar siempre entender lo diferente; pero por la misma razón, sería bueno que intentemos entender la mentalidad y las circunstancias del pasado, no para juzgarlo con los valores del presente, sino precisamente para comprender lo que hoy somos, y reconocer lo más positivo de ese intenso vínculo hispano-mexicano.

Fuente de la imagen es: https://es.wikipedia.org/wiki/Hernán_Cortés