Magallanes Elcano

1519 fue también el año del inicio de la primera circunnavegación al planeta, que como es sabido fue llevada a cabo por una expedición inicialmente capitaneada por Fernando de Magallanes, y culminada por Juan Sebastián Elcano. Fue, sin duda, una proeza descomunal, que duró más de tres años, al final de los cuales solo 18 de los 239 integrantes iniciales llegaron a Sevilla. Con esta expedición, que tuvo mucho más de exploración que de conquista -aunque no faltaran las batallas- se demostró empíricamente que la Tierra era redonda, y que era posible llegar a las Indias orientales navegando hacia occidente. Eso con independencia de que el objetivo inicial fuera o no completar la circunnavegación. Se descubrieron muchos lugares, comenzando por el buscado paso del Atlántico al Pacífico, a través del estrecho tan complejo para la navegación al que desde entonces se dio el nombre de Magallanes. Ello poco antes de iniciar una durísima travesía del Pacífico, y un no menos complejo regreso bordeando África, ya sin Magallanes, a quien mataron los indígenas en la batalla de Bactán (1521).

Una gesta de tanta trascendencia, tanto por el valor de sus protagonistas como por su decisivo impacto sobre nuestra concepción del mundo, merece a mi juicio, en su quinto centenario, una conmemoración acorde con su significado. Sin embargo, no parece que esos sean los planes en España, a diferencia de Portugal, que ha buscado darle la máxima importancia y el reconocimiento de la UNESCO enfatizando el protagonismo portugués. Esto ha generado cierta polémica, que ha conllevado un claro informe de la Real Academia de la Historia destacando el inequívoco carácter español de la empresa, a lo que han respondido algunos historiadores portugueses minimizando el papel de Elcano, e incluso destacando el carácter más o menos “casual” de la circunnavegación. Desde luego, el indudable origen luso de Magallanes no es argumento que condicione el protagonismo español, ya que este navegante, que había españolizado ya su nombre y apellido, emprendió la travesía al servicio de la Corona española, tras ser rechazado en el país vecino; y, obviamente, la vuelta no podría haber sido completada sin el marino guipuzcoano Juan Sebastián Elcano. Portugal, más bien, trató en todo momento de obstaculizar la empresa. Pero sería absurdo y estéril perderse ahora en debates y polémicas con un país vecino y hermano, patria de tantos grandes navegantes y con el que compartimos tanta historia y cultura. Lo importante es que España, por su parte o con el país luso, apueste decididamente por potenciar las conmemoraciones que con toda justificación merece este acontecimiento trascendental.