feliz navidad

Un buen amigo turco, de religión islámica, suele felicitarme la Navidad, y es una de las felicitaciones que más valoro, porque sé que la fecha es totalmente ajena a su cultura y creencias. Aunque no hace mucho que nos conocemos, yo le invité en su día a cenar en casa con mi familia en Toledo, y el agradeció enormemente ese gesto, y luego me invitó en Estambul. Por supuesto, en su casa dejé los zapatos a la entrada, y no se me ocurrió darle dos besos a su esposa. Y pronto comprobamos que tenemos muchas cosas en común, por ejemplo la valoración de la familia, y desde luego la profesión de una fe y unas creencias. La Cofradía Internacional de Investigadores de Toledo, a la que me honro en pertenecer, congrega precisamente a estudiosos de todas las disciplinas científicas, y de todas las creencias religiosas, siempre que tengan fe en un único Dios. Otro amigo, reconocido ateo, me dijo una vez que él es un ateo de cultura cristiana, y que, en términos culturales, se siente más próximo a un cristiano creyente que a un ateo cuyo contexto cultural sea otro diferente. Otra amiga me felicita el solsticio con una imagen de Papá Nöel haciendo yoga…, y desde luego le correspondo a esta forma original (aunque ahora quizá cada vez más frecuente) de transmitir buenos deseos. Después de todo, tampoco hay que olvidar que, antes de que el cristianismo eligiera esta fecha para conmemorar el nacimiento de Jesús de Nazaret, los paganos celebraban el solsticio, justo cuando los días empiezan a crecer, y constataban que la oscuridad y la noche nunca consiguen imponerse sobre la luz. Del mismo modo que nuestra cristiana fiesta de San Juan, próxima al otro solsticio, vino a sustituir la fiesta de los días más largos del año, y nuestras hogueras tienen una raíz muy profunda en ese mismo reconocimiento a la luz…

Ya lo he escrito alguna vez: cada uno es libre de celebrar lo que quiera en estas fechas, o de no celebrar nada. Pero lo que nadie puede borrar (y sería un disparate intentar borrar) es el sentido tradicional de estas fiestas, vinculadas profundamente a la religión cristiana, pero que, sin duda, están firmemente arraigadas en nuestra cultura. Por eso, no hay en mi opinión cosa más absurda que el intento de eliminar los símbolos y tradiciones religiosas de estas celebraciones, para “no molestar” o, en las felicitaciones más o menos oficiales, no quebrantar el principio de no confesionalidad que debe regir todos los actos de los poderes públicos. No entiendo a quienes se “hacen bolas” con la Navidad. Religión, cultura y tradición van unidas inescindiblemente (basta ver las valiosas representaciones artísticas del Nacimiento) aunque, por supuesto, en un Estado liberal y laico a nadie se le impone nada. En todo caso, lo que yo quiero es felicitar a mis lectores diciéndoles que pido al Niño Dios que nos ayude, nos proteja y nos ilumine. Eso sí, que cada uno encuentre esa luz en su vida según sus convicciones y creencias y por su propia vía.

Fuente de la imagen: https://blog.uchceu.es/fisioterapia/os-deseamos-feliz-navidad-y-un-feliz-ano-nuevo/