Una película realmente original y difícil de clasificar. Y, sin embargo, es imposible no apreciar referencias y similitudes con largometrajes bien conocidos, desde “La bella y la bestia” hasta “E.T.”, entre tantas otras (hay incluso, según yo creí imaginar, pero luego he leído, un “guiño” a “Torrente”). En realidad, con todo el cine fantástico. O con el cine de terror. O, desde luego, con el cine romántico, ya que a fin de cuentas se trata de un “chica conoce a chico” (aunque, es claro, también un “chico conoce a chica”). Por eso, si bien es una película compleja, con distintos elementos, enfoques y aristas -eso que podríamos llamar una obra “poliédrica”- finalmente creo que prevalece su dimensión romántica. Su mensaje central es, como en tantas otras películas, que el amor no conoce fronteras ni barreras (o quizá sería mejor decir, que el amor es capaz de superar cualquier frontera o barrera). Pero en este caso encontramos, a mi juicio, dos preciosas consideraciones complementarias, que de algún modo se relacionan entre sí y “redondean” el tema principal. Por un lado, ese nexo de unión entre quienes de alguna manera han sido relegados por la sociedad a los roles más subsidiarios o apartados: la mujer muda, la mujer negra siempre al servicio del marido, el viejo homosexual, son seres solitarios; son, al igual que el “monstruo”, “bichos raros”, que de algún modo tejen entre sí una red de solidaridad y de amistad. Porque, por otro lado, ese segundo elemento complementario es la importancia de la amistad, que, de alguna manera, está construida con la misma materia prima que el amor que forma la relación principal.

La forma del agua

La forma del agua

 

En la parte crítica, a mi juicio, destacaría el simplista tratamiento de los personajes, y en conjunto de la sociedad. La película opta por una crítica acérrima a la sociedad estadounidense de hace más de cincuenta años, en plena guerra fría. Y no me cabe duda de que en esta sociedad existiría un acentuado racismo y machismo (que, desde luego, con expresiones acaso más sutiles, pervive en la actualidad y existe en toda sociedad, porque la base de la marginación es la desconfianza hacia lo diferente). Pero la distinción tan nítida entre “buenos” y “malos” no resulta creíble. Esa descripción de hombres blancos de edad intermedia, que se creen profundamente honestos y cumplidores pero que resultan odiosos por su propio desprecio a todo lo diferente, es tan extrema que llega a resultar ridícula. Con todo, estamos ante una excelente película que no hay que perderse, y que puede triunfar en los Oscars, porque es muy del gusto actual.

(Fuente de la imagen: https://www.filmaffinity.com/es/film383204.html)

La famosa cantante Marta Sánchez sorprendió hace unos días con una interpretación original del himno nacional en uno de sus conciertos, que incluía una letra propia. Esa interpretación pronto adquirió una inmensa difusión, generando un cierto sentimiento colectivo favorable. Sin embargo, nunca llueve a gusto de todos, y también ha habido numerosas críticas. En mi opinión, dejando a un lado las que se limitan a decir que no les gusta la letra o la interpretación (ya que sobre gustos no hay nada escrito), muchas de estas críticas revelan ocultos recelos o extraños sentimientos que en algunos provoca el mero hecho de comprobar que muchos paisanos expresan, sin ningún tipo de complejo, su sentimiento patriótico.

 

            Así, por ejemplo, algunos políticos se han quejado de que eso politiza el himno, cuando quizá lo que lo politiza es su pronunciamiento al respecto. Otros han dicho que no les gustan las banderas, o que están hartos de guerras de banderas; pero en realidad eso solo lo expresan ante la exhibición, últimamente muy frecuente, de la bandera y otros símbolos españoles, y no de otros. Y poca “guerra” puede manifestarse en aquello que no expresa nada contra nadie, sino solo un sentimiento compartido. Por otro lado, otros se empeñan en destacar que tenemos muchos problemas más importantes (el paro, la pobreza, la precariedad… y todos los que se quieran añadir); como si el exhibir la bandera o cantar el himno fuera incompatible con preocuparse también de esas cuestiones, o impidiera ser consciente de los problemas o luchar contra ellos. En fin, algunos -muchas veces los mismos que pocos días antes saludaban como gran idea la utilización de “portavozas”- han criticado la pobreza lingüística o literaria de la letra. Yo creo que era una letra sencilla, que en lugar de hablar de muertos, guerras o sangre, apelaba simplemente al amor a la patria y al orgullo de sentirse español. Muchas veces se ha hablado de la diferencia entre el patriotismo y el nacionalismo; aquel nunca es excluyente ni va contra nadie, y expresa un sentimiento positivo. Yo, que lo primero me siento persona y ciudadano del mundo, y luego europeo y español, reconozco la importancia de los símbolos como elemento de unión de toda comunidad política o social, como podemos ver en cualquier lugar del mundo. Y creo que los que se avergüenzan de la utilización de los símbolos comunes, o consideran rancia o retrógrada toda muestra colectiva de estos, o de un sentimiento nacional (expresión que además solo manifiestan ante los símbolos comunes españoles, y no ante otros) quizá tendrían que hacérselo ver.



(Fuente de la imagen: https://as.com/tikitakas/2018/02/18/portada/1518960348_591489.html)

El primer parque nacional de España, y uno de los primeros del mundo después de Yellowstone (1870) y Yosemite (1890), se declaró hace ahora un siglo. Fue el Parque Nacional de la Montaña de Covadonga (que en 1995 se extendería y cambiaría su nombre para comprender los tres macizos de los Picos de Europa). En este proceso fue decisiva la figura de don Pedro Pidal y Bernaldo de Quirós, marqués de Villaviciosa de Asturias, quien dos años antes había realizado una encendida defensa del conservacionismo en la tramitación de nuestra primera Ley de Parques en el Senado: “Un castillo, una torre, una muralla, un templo, un edificio, se declara Monumento Nacional para salvarlo de las destrucciones. ¿Y por qué un monte excepcionalmente pintoresco (…) no ha de ser declarado Parque Nacional para salvarlo de la ruina? ¿No hay santuarios para el arte? ¿Por qué no ha de haber santuarios para la Naturaleza?”. Don Pedro Pidal había sido, con Gregorio Pérez, “el cainejo”, la primera persona en alcanzar la cima del Naranjo de Bulnes. Y tanto amó estos maravillosos lugares, que quiso enterrarse allí, en Ordiales, bajo una roca en la que puede leerse su epitafio: “Enamorado del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, en él desearíamos vivir, morir y reposar eternamente, pero, esto último, en Ordiales, en el reino encantado de los rebecos y las águilas, allí donde conocí la felicidad de los Cielos y de la Tierra, allí donde pasé horas de admiración, emoción, ensueño y transporte inolvidables, allí donde adoré a Dios en sus obras como Supremo Artífice, allí donde la Naturaleza se me apareció verdaderamente como un templo”.

Con la inauguración de nuestro primer parque nacional por el rey Alfonso XIII, comienza un siglo en el que esta máxima figura para la preservación de la naturaleza se ha extendido en España a quince lugares emblemáticos (a los que hay que añadir centenares de lugares que han merecido otras formas de reconocimiento). Su gestión ha planteado no pocos problemas y dificultades. Por ejemplo, Picos de Europa es el segundo parque más extenso, y su territorio se sitúa entre tres Comunidades Autónomas, incluyendo varias entidades de población. En todo caso, esta figura de protección ha sido sin duda positiva, no solo desde el punto de vista medioambiental, sino también turístico y económico. Pero lo más importante es el efecto de concienciación ciudadana sobre la necesidad de protección de estos enclaves frágiles que, siguiendo la metáfora de Pidal, todos deberíamos considerar auténticos santuarios. Y actuar en consecuencia.

Covadonga 1918

Es, sin duda, una exposición imprescindible. De estas cuyo recuerdo permanecerá como una referencia cultural importante en nuestra ciudad. Como, en los últimos años, lo fueron “Carolus”, “Los arzobispos de Toledo y la Universidad española”, o desde luego las que estuvieron en la ciudad con motivo del llamado “año Greco”. En este caso, es el quinto centenario del fallecimiento del cardenal Cisneros el motivo que justifica la reunión de un importante conjunto de objetos, obras de arte y documentos que nos ayudan a entender la vida y la época de este personaje imprescindible en los inicios de nuestra Edad Moderna. “Arquetipo de virtudes, espero de prelados” es el subtítulo que trata de sintetizar la singular personalidad de este cardenal primado, que, entre los que en otros países europeos jugaron un esencial papel político, destaca por haber sido dos veces regente, y por tanto jefe del Estado. Y sin duda supo ser un hombre de Estado. Luchó por la unidad religiosa, que en aquel momento se concebía como un pilar fundamental de la unidad del naciente Estado, y que implicó la expulsión de los judíos (la exposición recoge el decreto de expulsión con la motivación de la medida). Adoptó con firmeza decisiones políticas relevantes, siempre en interés de continuidad y unidad del reino. Y sus regencias sirvieron precisamente para enlazar reinados en períodos delicados. Pero también fue un hombre profundamente religioso, notoriamente austero y humilde, y carente de ambición política. En realidad, ambicionaba más bien poderse retirar y abandonar esos difíciles deberes y responsabilidades. Algo que no consiguió, pues hasta el final de sus días tuvo que encargarse del reino, hasta entregarlo a su legítimo sucesor, el entonces rey Carlos, aunque Cisneros no vivió para ver su llegada al territorio español.

Cisneros

 

La exposición nos ayuda a entender al hombre y su época, a través de numerosos objetos de indudable valor, procedentes de diversas iglesias, parroquias o museos. Por hacer una crítica, creo que el discurso expositivo, el hilo conductor, pasa algo desapercibido, a través de algunos carteles que marcan las fases, pero que no destacan a la vista. Tampoco existe la posibilidad de audioguías, y las visitas guiadas siempre implican una selección de algunos objetos y aspectos. Con todo, el excelente libro de la exposición, aunque no es barato, es completísimo e imprescindible. En todo caso, quedan pocos días y aconsejo que nadie se pierda este evento fundamental.

Cisneros

Majestad: permítame que me dirija a usted con cierta complicidad generacional, y disculpe si le hablo con ese tono de conocimiento que a veces usamos los profesores, aunque tal vez sea porque, aunque por solo diez días, puedo decir que soy algo mayor que el rey. De todos modos, no creo que necesite muchos consejos, porque desde el inicio de su reinado ha sabido demostrar un excelente criterio y un perfecto entendimiento de las situaciones. Pero es claro que, como su padre, no está teniendo un comienzo fácil. Un contexto de crisis económica, social y territorial no es, desde luego, el clima más favorable. Lo peor es que el problema no le afecta solo a usted y a la monarquía, sino a todas las instituciones, a nuestro entero sistema constitucional, y por supuesto a España como Estado y como nación. No sé si este reto es mayor, menor o similar que los que tuvo que afrontar el rey Juan Carlos al inicio de su reinado, pero me temo que hay alguna dificultad adicional para resolverlo, debido al hecho de que ahora, a diferencia de aquel momento, no hay un apoyo prácticamente unánime a la Corona, ni en las fuerzas políticas ni en la sociedad. A pesar de ello, sigue siendo una institución muy bien valorada, y los que la prefieren para España siempre han sido mayoría; una mayoría que se ha incrementado desde que usted encarna la institución.

Y creo que ese fenómeno está plenamente justificado. Porque su compromiso con la defensa de la Corona y de España ha sido inequívoco desde su acceso al trono. En primer lugar, ha iniciado una clara labor de modernización de la monarquía, tarea que explicitó desde el primer discurso, y que se ha puesto en práctica en aspectos como la transparencia, la austeridad y la cercanía. En cuanto a la defensa de la Constitución y la unidad nacional, es obvio que no cabe esperar de la Corona lo que esta no puede ni debe hacer en un sistema de monarquía parlamentaria. Pero lo que ha hecho ha sido importante, por su claridad, su compromiso y su “auctoritas”. Y no es nada aventurado afirmar que su memorable discurso del 3 de octubre actuó como factor desencadenante para que muchas personas, en Cataluña, perdieran el temor a expresar su defensa de España, Europa y la Constitución. Tiene usted la cercanía de su padre y a elegancia de su madre, y en la reciente entrega del toisón de oro a la princesa de Asturias, lo demostró una vez más, con un emotivo y cercano discurso que logró combinar a la perfección su papel de rey, padre, y cómplice y apoyo de su hija. España tiene ya mucho que agradecerle. Siga siempre en esta línea de defensa de España y de la Constitución, dentro del papel que esta le da, que es de ninguna “potestas”, pero toda la “auctoritas” que usted logre. Su papel es tan importante, que después de este tipo de discursos, a los críticos solo les queda recordar que el acceso a la jefatura del Estado es vitalicio y hereditario. Como si la monarquía parlamentaria no fuera plenamente compatible con la democracia, como demuestra su pervivencia en algunas de las democracias más avanzadas del mundo. Como si, después de todo y para la España de hoy, esta monarquía no tuviera incluso algunas ventajas, como la neutralidad, el prestigio, y la capacidad de generar empatía, que usted sabe ganar cada día, y que difícilmente cabría imaginar en una persona vinculada a un partido político. Como si el rey tuviera algún poder político o fuera algo diferente a un símbolo, probablemente el más importante, de nuestros valores constitucionales. Como si, en suma, la monarquía parlamentaria no hubiera sido refrendada por el pueblo soberano en la propia Constitución, sin que las fuerzas que proponen su supresión hayan sido nunca mayoritarias en estas cuatro décadas. Majestad, usted lo sabe perfectamente: ninguna monarquía puede ser más racional que la República. Y en la monarquía parlamentaria, el rey lo es “por la gracia de la Constitución”, y en definitiva por voluntad del pueblo soberano, que en cualquier momento puede establecer una República, si la monarquía deja de ser útil. Pero no todo es racional, y cada país debe encontrar la forma de gobierno que mejor represente su esencia y su historia, en el momento presente. Por su carácter simbólico, un rey puede ser el mejor catalizador del sentimiento constitucional, y usted, que se preparó para ello casi desde su nacimiento, ha hecho con sus palabras y con sus obras mucho más que ninguna justificación racional por generar ese sentimiento de identificación, de unidad, y de orgullo (aunque sea un orgullo crítico y reformista) por pertenecer a esta España constitucional. Muchas felicidades.

Fuente de la foto es https://elcomercio.pe/mundo/actualidad/espana-rey-felipe-vi-celebra-50-anos-condecorando-heredera-video-noticia-493181

Con medio siglo de vida, ya sé que aquello que decía el poeta de que no hay que engañarse pensado que ha de durar lo que se espera más que duró lo que se vio, no es solamente por la percepción subjetiva de que “todo ha de pasar por tal manera”, sino muy probablemente porque de forma objetiva y cuantitativa, así será. Y aunque tampoco es cosa de ponerle límites a la providencia divina, sí hay que admitir que, como dice la letra de Sabina, “más antes que después he de enfrentarme/ al delicado momento/ de empezar a pensar en recogerme…” Pero es este un bonito momento de la vida en el que uno puede mirar al pasado y valorar (mejor o peor) lo ya hecho, sin dejar de lado lo que todavía queda por hacer. Un momento en el que, repasando, compruebo que nunca me he arrepentido de haber hecho lo correcto, ni de ayudar a los demás, y más bien solo lamento aquello en lo que me haya podido equivocar, o que haya podido dañar a alguien. Lo bueno es que aún estoy a tiempo de aprender la enseñanza de esa valoración, y aplicarla al futuro.

Con medio siglo, he aprendido (aunque a veces cueste ponerlo en práctica) a no preocuparme demasiado por lo que no es realmente relevante; a afrontar los problemas con cierta serenidad; a dar importancia a aquello que realmente la tiene, y que no son tantas cosas. Jesús, en las bodas de Caná, nos lo puso de manifiesto: primero, haz caso a tu madre en lo que te pida (y eso podemos extenderlo a la familia); segundo, ayuda a tus amigos en lo que necesiten; tercero, si vas a celebrar algo importante, no te olvides de que haya un buen vino en cantidad suficiente. Con medio siglo, he aprendido a no hacer caso de libros de autoayuda, ni mucho menos de los típicos consejos hedonistas y egoístas: ocúpate de ti, cuídate, piensa en ti, date un capricho. Mucho mejor que estas pamplinas propias de redes sociales y cadenas, sería justo el consejo contrario: piensa en qué medida lo que haces ayuda a los demás, es útil a alguien, aportará algo a otros. He aprendido a no preocuparme demasiado ni por el poder, ni por el dinero, ni por el reconocimiento que solo alimenta a la vanidad (aunque también sé que para decir esto, hay que haber logrado satisfacer tus necesidades básicas, y saber cómo no buscarte muchas más); es más importante pensar en qué quedará y qué sentido tendrá lo que estás haciendo. Y creo que, si interiorizo todo esto, y Dios me da vida y salud, tengo la oportunidad de ponerlo en práctica en el futuro. Si es así, sé que mi mejor obra será la que todavía está por hacerse.

 

(Fuente de la imagen: http://www.noticierodelllano.com/noticia/con-variado-programa%C2%A0cofrem-celebra-medio-siglo-de-existencia#sthash.wghPSGBD.dpbs )

El queso y el vino son dos antiguos inventos humanos que no hemos logrado superar en milenios, aunque hemos ido perfeccionado poco a poco. En La Mancha, un poco por condiciones naturales (que algo bueno tenía que tener este clima continental extremo), y no quiero presumir, pero digo yo que otro poco por ciencia basada en la contrastación empírica, no se nos da mal ninguno de los dos. Tampoco se nos da mal luchar contra molinos que creemos gigantes, “desfacer entuertos” (y a veces crearlos), comportarnos como nobles caballeros aunque los demás lo vean ridículo, e incluso ver nuestras sin pares Dulcineas donde los demás solo ven a una moza de pueblo (lo digo a título de muestra ejemplificativa que, mutatis mutandis, puede aplicarse a las manchegas que se comportan como damas y se enamoran de lo que ven como hermoso caballero, o de otra sin par dama, o lo que cada uno quiera poner, no vayan a acusarme de sexista por inspirarme en nuestra literatura más universal…). Pero si solo hiciéramos eso, nos faltaría la mitad de nuestro ser. También sabemos llamar al pan, pan, y al vino, vino, y por supuesto degustar vino, y pan… acompañados del queso manchego, que es, como todo manchego sabe, el mejor queso del mundo (dicho sea con permiso de mi parte asturiana).

El caso es que el queso manchego parece ser un obstáculo en las negociaciones del nuevo Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y México. Ello porque (al igual que otros productos con denominación de origen), se encuentran en el país norteamericano quesos que reciben ese mismo nombre, aunque no proceden de La Mancha, y la Unión Europea exige que la denominación de origen se reserve exclusivamente para el producto originariamente europeo. Como sabemos, incluso en otras zonas de España que producen quesos similares, han tenido que buscar otra denominación. Digo yo que las negociaciones llegarán a buen puerto, no solo porque españoles y mexicanos siempre nos hemos entendido bien, sino porque no creo que sea tan difícil encontrar una fórmula alternativa como “queso tipo manchego” o “queso estilo manchego”, reservando la denominación genuina para el realmente producido aquí. Si la cosa se enquista, sugiero a los negociadores dejar de lado a don Quijote y resolverlo a lo Sancho Panza con una comida manchego-mexicana, empezando con una botana con un buen tequila o mezcal, y pasando luego a un buen caldo de La Mancha, para acompañar, desde luego, a todos los quesos que quieran probar… y comparar.

Fuente de la imagen: http://www.quesomanchego.es/queso-manchego

Aunque las fuentes todavía oscilan a la hora de fijar la fecha de la batalla de Covadonga, entre 718 y 722, y parece más extendida la tesis de este último año, defendida ya por Sánchez Albornoz, es seguro que en 718, hace ahora 1300 años, los dirigentes astures, reunidos en Cangas de Onís bajo el liderazgo de Pelayo, decidieron rebelarse contra el gobernador bereber de Gijón, iniciando algunas acciones que intentaron sofocar los islámicos, y que concluirían en esa famosa batalla, que dio origen al reino de Asturias, y con él al largo período de la reconquista en toda la península. Muchos aspectos de la batalla aparecen envueltos en la duda y en la leyenda, y además parece que pronto las fuentes cristianas multiplicaron las cifras de las fuerzas islámicas (resulta imposible la cifra de 187.000 que aparece en las crónicas de Alfonso III); pero se puede dar por cierto tanto el hecho en sí de la batalla, como los cristianos que resultaron vencedores eran muy inferiores en número a los atacantes (Pelayo no contaba con muchos más de 300 hombres, una gran parte de los cuales murieron). Desde luego, la complejidad orográfica del lugar en el que se logró situar la batalla fue un factor clave para esa victoria, aunque la tradición cristiana ha invocado a veces la ayuda de la Virgen.

Con independencia de los detalles de los concretos hechos que van desde la rebelión de Pelayo hasta la victoria cristiana en Covadonga, la trascendencia de esta es inmensa. Sin ella, toda nuestra historia sería diferente. A partir de ella, se van a forjar algunas características definitorias de nuestra identidad. Una identidad que no es, desde luego, exclusivamente cristiana, sino esencialmente mixta. El elemento islámico, el judío y el cristiano marcaron durante los siguientes siete siglos, y ya para siempre, la esencia de todos los pueblos ibéricos. Aunque los reinos de la Corona de Aragón tuvieron su propio origen, este se encuentra en hechos similares y posteriores. España y Portugal son los únicos Estados de Europa Occidental con un importante pasado islámico, y con siglos de convivencia (aunque no siempre pacífica) entre religiones y culturas. No somos mejores ni peores, pero sí tenemos una especial riqueza cultural e histórica. Y su origen está en el período que va entre Guadalete y Covadonga. Hay que conmemorar estos hechos, huyendo por supuesto de cualquier falsa e infundada exaltación supremacista, pero también de cualquier complejo. Simplemente, asumiendo que nos ayudan a entendernos y valorar lo que tenemos en común.

Fuentes de las fotografías:

http://www.detectivesdelahistoria.es/la-leyenda-de-don-pelayo-y-la-batalla-de-covadonga/

https://www.escapadarural.com/blog/imprescindibles-de-cangas-de-onis/

Siempre que emprendemos camino, buscamos llegar a algún sitio, pero el camino puede ser tan importante como el destino. Con independencia de este destino geográfico, casi siempre el peregrino busca su propio destino personal, y en esta búsqueda conviven con frecuencia motivos religiosos, espirituales en un sentido mucho más amplio, físicos y psíquicos. Peregrino puede ser quien por devoción o voto va a visitar un santuario, pero también simplemente quien anda por tierras extrañas. En Europa, y especialmente en España, muchos caminos conducen a Santiago, pero otros tienen un destino autónomo, aunque acaso muy vinculado histórica y culturalmente con este. Es el caso del camino lebaniego, que tiene como punto de llegada el cuarto lugar sagrado de la cristiandad: el monasterio de Santo Toribio de Liébana. Por allí el Beato escribió sus Comentarios al Apocalipsis, y allí se ubica, según la tradición, el Lignum Crucis, el pedazo de madera más grande de los que se conservan de la cruz de Cristo. Por ello desde la Edad Media, muchos peregrinos a Santiago, ya fueran por el camino de la costa o por el camino francés, se desviaban para ir a Santo Toribio. Así surgieron las tres rutas, castellana, leonesa o valdiniense, y montañesa, sirviendo además esta última, en combinación con cualquiera de las otras dos, como forma de unir esos dos caminos principales a Santiago.

 

Siempre es buen momento para el camino, este o cualquier otro, pero los años jubilares pueden serlo especialmente. Con independencia de la mayor o menor creencia en las indulgencias plenarias que pueden obtenerse, está bien aprovechar cualquier oportunidad para el reencuentro con uno mismo y con Dios. Hasta abril de 2018 estamos en esta situación, así que hace algunos meses realicé la ruta montañesa, que como ramal autónomo comienza algo más adelante de San Vicente de la Barquera, cerca de Muñorrodero, y transcurre en primer lugar por el valle del Nansa (incluso aprovecha durante algunos kilómetros la preciosa senda fluvial de este río, que sin embargo abandona a mi juicio antes de tiempo), para a partir de Lafuente comenzar a subir de forma espectacular, llegando a la preciosa localidad de Cicera, muy cerca del impresionante mirador de Santa Cecilia, con el desfiladero de La Hermida a nuestros pies. Precisamente a este desfiladero, y por tanto al Deva, desciende en muy pocos kilómetros, llegando a la hermosa localidad de Lebeña, con su discreta pero valiosísima iglesia mozárabe. Aquí se abren dos alternativas, una pegada al desfiladero pero a cierta altura, y otra dando un rodeo por Cabañes. Ambas confluyen cerca de Tama, antes de Potes, muy cerca ya del destino final. Un recorrido espectacular, entre valles y montañas, que se puede llevar a cabo perfectamente en dos etapas y media. Una experiencia inolvidable, al alcance de cualquier persona en condiciones físicas medias, y en condiciones espirituales abiertas y expectantes.

Escribo esto cuando nada se sabe del resultado de las elecciones en Cataluña, pero la mayoría de los lectores lo leerán cuando esos resultados sean ya conocidos. Solo puedo decir lo que tendría que suceder, sean cuales fueren esos resultados. No quiero que esto parezca una carta a los Reyes Magos, pero sería muy bueno que, pase lo que pase, se asumieran algunas cuestiones que creo que la experiencia ha demostrado imprescindibles. Primero, que todo se puede defender, proponer y perseguir en democracia, y que nuestro sistema da vías para ello. Segundo, que el cumplimiento de la ley es innegociable. Las “vías unilaterales” conducen solo al abismo y a la autodestrucción. El poder judicial tiene que actuar, con independencia de los otros dos. Quien infringe de forma consciente y voluntaria la ley, debe responder por ello en un Estado de Derecho. Tercero, que hay que reconocer que hay un problema, en Cataluña, y en España, y que probablemente algunas reformas pueden contribuir a afrontarlo. La reforma constitucional no es la panacea, pero puede ayudar a que mejoren muchas situaciones que cabría mejorar. No como forma de cesión a ningún chantaje, sino como vía para buscar un nuevo acuerdo, corrigiendo algunos aspectos de nuestro modelo, aunque desde luego respetando la axiología fundamental que nuestra norma suprema reconoce.

Y cuarto, y probablemente lo más importante: hay que reparar las fracturas generadas por la intolerancia y la radicalización. No solo la fractura política, sino sobre todo la fractura social. Son ya muchos los testimonios de personas que viven en Cataluña que nos hablan de amigos, incluso de familiares, cuyas relaciones han cesado o se han tensado hasta el extremo por diferencias políticas. Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa, y siempre conviene buscar un proyecto común. Con independencia de los resultados concretos de las elecciones, los datos apuntan a que la polarización y la división casi por mitades en la sociedad catalana va a seguir siendo una constante política. Nadie puede pretender hablar en nombre de todos los catalanes, y se cual sea el próximo gobierno, nadie debería gobernar jamás ignorando a la mitad. Ya que estas fechas son propicias para la paz, todos deberían buscar esa reconciliación social. Yo brindaré con cava catalán por la superación de esa fractura en ese lugar maravilloso llamado Cataluña, y por el entendimiento y la paz entre todos los españoles. Feliz Navidad.

fuente de la imagen: http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2017/11/10/catalunya-rabia-visceral-o-paz-oracion-y-dialogo-iglesia-religion-dios-jesus-papa-catalunya-espana.shtml