Dice la Ley de Felson: “Robarle ideas a una persona es plagio. Robárselas a muchas es investigación”. Esta ley figura en el libro de Arthur Bloch, La ley de Murphy. Edición especial de aniversario, traducción de Ana Mendoza, Temas de Hoy, Madrid, 2005, p. 98, y como se puede comprender, está enunciada con sentido del humor. Lo que sí es cierto es que, si bien es deseable y positivo que las investigaciones sean profundamente innovadoras, el máximo grado de innovación, creatividad e inteligencia solo es alcanzable por algunos, de manera que el “rasero mínimo” se queda en la exigencia de una obra original que realice alguna aportación relevante a la ciencia de que se trate. Desde luego, esto excluye toda forma de plagio, así como toda apropiación de cualquier obra intelectual ajena. Para evitar este tipo de prácticas inadmisibles, hay que seguir diversas reglas, pero estas se pueden resumir en el sentido común y la más rigurosa honestidad en el manejo de las fuentes y la declaración de la procedencia de toda idea o texto. Se puede citar más o menos, y la comunidad científica admite diversos sistemas y técnicas de cita, pero lo que en ningún caso cabe es reproducir sin cita.

Honestidad intelectual Copiar-Pgar

Honestidad intelectual Copiar-Pgar

De aquí se derivan ciertas elementales: siempre que se incorporen ideas ajenas hay que dar la referencia, y reflejarlas huyendo de toda tendenciosidad o manipulación; siempre que se introduzcan citas literales hay que entrecomillar, además de declarar la fuente; si se cita “por referencia” de otro autor (lo cual hay que evitar como regla general, salvo que la fuente original resulte inaccesible por razones justificadas), hay que citar al autor que da la referencia, y no fingir que se acudió a la fuente original; si la traducción la ha hecho un tercero, hay que citar al traductor. En las tesis doctorales, hay exigencias adicionales, ya que han de ser originales e inéditas y, como es obvio, si son de un autor único no pueden incorporar textos realizados en coautoría. En estos casos, la autocita es perfectamente posible, pero no el autoplagio, si se entiende por este la inclusión íntegra y no declarada de publicaciones previas. Todo este conjunto de criterios deriva de una exigencia general de eso que podemos llamar “honestidad intelectual”. En mi opinión, alguien podría cumplir estos criterios y, sin embargo, ser deshonesto en otros aspectos de la vida; pero lo contrario sería mucho más difícil. Si alguien no es suficientemente riguroso y honesto en su trabajo académico, y es capaz de apropiarse de la obra de otros, o falsear la suya propia haciéndola pasar por original e inédita sin serlo, creo que no cabe confiar en que esta persona sea honesta en cualquier otro aspecto de la vida.

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Es probablemente la única bebida que, existiendo en todo el mundo, en todos los lugares es un producto local. En los trópicos o en regiones frías, en Asia, África o América, cada país, incluso muchas veces cada región o cada ciudad, se enorgullece de su cerveza. No se puede conocer bien un lugar sin conocer sus variedades de cerveza. Las hay rubias, rojas, tostadas, negras; ligeras y con cuerpo, con diversos estilos… y todas están buenas. La cerveza es, junto al vino y la sidra, una bebida que contiene alcohol, pero en la cual su consideración de “alimento” tiene más peso, porque estas bebidas se han consumido desde siempre como parte de un tipo de dieta. Como destaca un reportaje publicado en la revista National Geographic España en febrero de 2017, un estudio de la Universidad Politécnica de Munich ha descubierto que la causa originaria del “invento” de la agricultura -y con él de toda la revolución neolítica- fue el descubrimiento de la fermentación de los cereales, es decir, de la cerveza. “Empezamos a labrar la tierra para beber”, de dice literalmente en este reportaje. Parece que el ser humano había descubierto la fermentación espontánea de las frutas que caían de los árboles, y pronto aprendió a consumir combinados de cereales y agua, primitivas cervezas que se removían en grandes tinas, como parecen demostrar algunas excavaciones en el sudeste de Turquía. Ahora todo parece entenderse mejor: no abandonamos nuestra aventurada, incierta y excitante vida de cazadores-recolectores nómadas, para sustituirla por una aburrida y acomodada vida sedentaria; no abandonamos el consumo de las jugosas carnes de las piezas cazadas, para comer verduras, arroz, pan o pollito, sino para poder hacer fiestas en las que consumir cerveza, y poco más tarde vino.

Elogio de la cerveza

Elogio de la cerveza

Los mismos estudios demuestran el importante papel nutritivo que tuvo la cerveza en aquellos seres humanos que la descubrieron, cuya dieta podía ser deficitaria en muchos de los elementos que aporta esta bebida. A lo que hay que añadir el probable papel de los primeros alcoholes en el ámbito de las creencias y prácticas religiosas. Y es que una buena cerveza siempre es sana, y su consumo moderado (salvo que se tenga que conducir, manejar maquinaria precisa, etc.) es una buena costumbre. No soy médico, pero baso esta afirmación en la experimentación y la contrastación empírica. Por lo demás, una cerveza, a ser posible bien fresquita, ayuda a relajarse, y es el mejor complemento a una buena conversación, o a la diversión entre amigos, porque, consumida con buen criterio en el momento adecuado, potencia una de las mejores características del ser humano: la sociabilidad y la empatía con otros seres humanos. ¡Salud!

Elogio de la cerveza

Elogio de la cerveza

Hace años que un eslogan con fines turísticos se refiere a Asturias como “paraíso natural”, y desde luego esta es una definición sintética y apropiada de este lugar maravilloso. Pero Asturias es mucho más. Es (además de las insulares) la única comunidad autónoma de nombre plural, y acaso eso da idea de que hay varias Asturias: la costa y la montaña; la minera, la industrial, la ganadera, la marinera; la urbana y la rural; occidente, centro y oriente… Pero todas ellas configuran una Asturias a la que nadie puede dar lecciones de eso que ahora llaman “identidad propia”. Esta identidad, tan arraigada y profunda, nunca es excluyente. El bable, la lengua asturiana, convive habitualmente de forma armónica con el castellano, y en las fiestas la mayoría de los asturianos exhiben con orgullo la bandera rojigualda, al lado de la enseña asturiana, que incorpora de forma destacada y sin complejo alguno la cruz de don Pelayo. Y detrás de esta identidad están los asturianos, gentes que -en general- no se “hacen bolas” con estos temas, discreta pero profundamente acogedoras, y sobre todo, esencialmente nobles.

Asturias

Asturias

El 8 de septiembre se celebra el día de Asturias, y este año esta celebración es muy especial, por lo que han llamado el “triple centenario”: 1300 años desde el origen del reino de Asturias, y un siglo de la declaración del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, así como de la coronación canónica de la Virgen de Covadonga. Porque para la inmensa mayoría de los asturianos, creyentes, agnósticos o ateos, “la mi Santina” es un emblema, un símbolo profundo de esa identidad, que va mucho más allá de su sentido religioso. A la Santina no se la toca, y todos la respetan. Yo presumo de tener una parte asturiana, aunque en esto de la sangre, los genes y los sentimientos, es absurdo hablar de porcentajes, así que es perfectamente compatible con ser toledano, castellanomanchego, español y europeo, y sobre todo un ciudadano del mundo, hermano de cualquier otro ser humano. Pero hoy quiero felicitar a los asturianos, y estoy seguro de que mis lectores toledanos compartirán esta felicitación a los habitantes de la única Comunidad Autónoma cuyo himno -letra y música- conocemos perfectamente todos. Y también mis lectores hispanoamericanos, de los cuales más de uno será descendiente de Asturias y se sentirá también asturiano. Nunca olvidaré que, celebrando el Mundial de fútbol que España ganó en 2010, yo estaba en México, y allí unos paisanos me ofrecieron sidra que escanciaban, y cuando les pregunté de dónde eran me respondieron: “¡De Llanes!”. Muchas felicidades a todos los asturianos, estén en Asturias o en cualquier lugar del mundo.

Asturias

Saludarse es algo imprescindible en cualquier sociedad, pero como bien sabemos, las formas del saludo son muy diferentes en distintos lugares del mundo, y en distintos contextos. Así, en muchos países orientales el saludo tradicional es la inclinación de cabeza con las palmas de las manos juntas (el llamado “namasté”), y siempre se pone como ejemplo exótico el de los esquimales, que aproximan sus narices como gesto para olerse. Incluso dentro del más extendido apretón de manos, hay muchas modalidades que enfatizan más o menos el gesto, hasta el punto de que puede implicar un contacto breve y rápido, o ser más contundente, al punto de ir acompañado de un abrazo (así, en México, entre hombres y para expresar cierta cercanía, se da la mano, seguida de abrazo con un par de palmadas firmes en la espalda, y de nuevo la mano). Se trata de maneras de “formalizar” la expresión de respeto o de cariño. La forma de dar la mano puede ser diferente en cada persona, hasta el punto de que nos puede decir bastante del carácter de esa persona. Y luego está el asunto del beso, que permite mil y una formas, pero también puede estar proscrito o descartado en ciertos contextos. Aunque nosotros no estamos acostumbrados a dar dos besos entre hombres, en Italia es frecuente verlo. En este tema, lo mejor es adaptarse a cada caso, que es la mejor manera de empezar una comunicación. Y, de paso, si la situación implica cierto protocolo, adaptarse a la cultura de la persona saludada es siempre un detalle elegante y generoso. Yo, por ello, no tengo problema alguno en dar dos besos a algún amigo italiano cuando procede, pero jamás lo haría con la esposa de un amigo islámico, a la que, como es sabido, no se debe tocar.

Más allá del cómo, en esto de los saludos llama la atención también el cuándo. En ciertos ámbitos rurales, en los caminos o en la montaña, es habitual saludar a todo el que pasa, aunque no se le conozca. En cambio, en la ciudad, a duras penas se saluda al vecino en el ascensor, y a nadie que no sea conocido en la calle. Siempre me he preguntado la causa de esta diferencia; alguien me dio una vez una explicación que parece convincente: en la ciudad, muchas personas compartimos un espacio reducido, y “el otro” tiende a ser visto como un competidor o una posible amenaza (muy especialmente, cuando vamos manos al volante…). En cambio, en el camino o en la montaña (salvo en ciertas rutas senderistas que se saturan en el verano) nos sentimos aislados en la inmensidad, y por ello tendemos a ver a las demás personas con una perspectiva mucho más solidaria -o incluso “utilitaria”-: pueden ser nuestro apoyo en una situación de necesidad. En la duda, saludar siempre es un signo de respeto y de educación.

Fuente de la imagen: http://www.acn.cu/especiales-acn/25945-el-saludo-carta-de-presentacion-entre-los-seres-humanos

 

Sol y playa. Puede que muchas personas asocien Málaga, ciudad y provincia, a esta idea. Y es indudable que las playas y el buen clima son habitualmente un atractivo de esta zona que no en vano es llamada “Costa del Sol”. Pero esto, que no está mal, para mí es lo de menos a la hora de dedicarle este artículo a esta gran ciudad española, la sexta por su población. Porque, mucho más allá de esta imagen, Málaga es fenicia y romana, árabe y cristiana. Profundamente tradicional y profundamente moderna, es una ciudad orgullosa de su Semana Santa y su Cristo de la Buena Muerte, tan vinculado a la Legión; o de su Virgen de la Victoria; pero también una ciudad moderna, abierta y tolerante. Profundamente española, y profundamente cosmopolita. Una ciudad llena de lugares emblemáticos que no hay que perderse. Entre ellos, y por supuesto, destaco en primer lugar la tradicional y concurrida calle del marqués de Larios (o simplemente calle Larios). También la catedral y las calles del centro de la ciudad, siempre animadas y agradables. Y, cómo no, la zona del puerto deportivo, llena de lugares ideales para cenar o tomar una copa. Sin olvidar, desde luego, que es absolutamente imprescindible subir al parador de Gibralfaro para contemplar una espectacular vista de conjunto de toda la ciudad.

Ciudades de España, Málaga

En el aspecto monumental, además de lo ya citado, hay que destacar las importantes huellas de su pasado romano y árabe, como son el teatro romano y, por supuesto, la alcazaba, cuya visita es obligada, y que además ofrece vistas muy hermosas desde la zona del puerto, sobre todo por la noche con su agradable iluminación. Y siguiendo en el ámbito cultural, es imposible omitir la visita a la casa natal de Picasso. Pero por supuesto, y dado que esta serie de artículos nunca ha pretendido ser una guía turística de lugares, sino más bien lo que en su día llamé una “guía de sensaciones y sentimientos”, hay que destacar que Málaga es una ciudad agradable como pocas, ideal para descubrir y pasear tranquilamente, sin el ansia del turista. Hay que disfrutar del carácter y la gracia de los lugareños, del ambiente siempre animado. Y, claro está, de la gastronomía, variadísima, muy adecuada para el “tapeo”, algo que siempre hay que disfrutar en el sur de España, y en la que los pescados ocupan un importante protagonismo, aunque yo no puedo dejar de destacar la porra antequerana, una de mis grandes debilidades. Y claro, desde que fenicios y griegos introdujeron el viñedo, no se puede hablar de Málaga sin destacar sus excelentes vinos, en especial los dulces. En fin, una ciudad maravillosa, para disfrutar con todos los sentidos. ¡Ah! Lo olvidaba: por si alguien no lo sabía, hay excelentes playas, como la Caleta y la Malagueta…

Ciudades de España, Málaga

El camino es, casi siempre, más importante que el destino. Pero no tiene sentido caminar sin un destino. Esa es, entre otras, la diferencia entre el caminante y el peregrino, ya que este último va a un lugar concreto y con un propósito determinado. En realidad, más que de un destino, habría que hablar de una meta, que puede ser un lugar, pero también un reto físico, mental, psicológico o espiritual. A veces, ni el propio caminante conoce esa meta, o bien surge en el propio camino. Dicen que todos los caminos llegan a Roma, pero en España (y también en buena parte de Europa) muchos caminos llegan a Santiago. Desde Cádiz o Huelva, desde Valencia o Barcelona, desde Irún, Roncesvalles o La Junquera, se puede “hacer el camino” a Santiago; y también, desde luego, desde París, Milán o Ginebra. Por supuesto, el camino de Santiago, en su variante de Levante, atraviesa nuestra ciudad de Toledo, y no sé si todos los que pasean por la llamada “senda ecológica” saben que están haciendo un tramo. Todo ello nos ofrece una oportunidad excepcional de caminar con una meta. No importa si se va a llegar a Santiago, no importa tampoco la motivación concreta de cada caminante: seguir la flecha amarilla (si puede ser en etapas que nos exijan cierto esfuerzo y nos hagan conocer el cansancio) nos hace partícipes de una historia multisecular, compartida por millones de personas desde que el rey Alfonso II, primer peregrino a Santiago, iniciara desde Oviedo lo que hoy conocemos como “camino primitivo”. Caminar y caminar siguiendo el símbolo de la vieira nos da nuestra pequeña cuota de protagonismo en la historia de España, de Europa y de eso que algunos llaman “Occidente”.

Seguir el camino nos permite comprender que, como en la vida, vamos avanzando paso a paso. Que no debemos tener prisa, pero sí perseverancia, constancia, y una voluntad firme de alcanzar nuestros objetivos. Que, solo por seguir ese objetivo, vamos a poder conocer pueblos a los que, de otro modo, jamás habríamos ido; tratar con personas con las que jamás habríamos hablado; visitar iglesias y ermitas que nos descubren el inmenso patrimonio cultural y espiritual de nuestra tierra, y de algún modo nos van recordando nuestro propósito último; disfrutar de espectaculares paisajes que nos hacen valorar la belleza de la naturaleza, que no nos pertenece, sino a la que nosotros pertenecemos. El verdadero peregrino comprenderá además que el camino, como la vida, tiene también otros momentos menos gratos, monótonos y más duros. Y los asumirá como parte del todo, como medio para alcanzar ese objetivo representado en el Apóstol, pero que en realidad es la luz que queremos que ilumine nuestra vida.

Caminando hacia Santiago

Caminando hacia Santiago

“El `problema de Cataluña´ es político y la solución tendrá que ser política”. Hemos oído muchas veces esta afirmación, que no deja de ser un poco simple (habría que precisar qué entendemos por “político”) y deja de lado demasiados matices del “problema”. Pero a efectos meramente argumentativos, voy a aceptar que así fuera. Es verdad que el derecho tiene siempre una finalidad, y por eso las normas se aprueban, en cierta medida, para resolver “problemas” políticos, económicos, sociales… Para eso existen las vías de reforma de todas las normas, o la posibilidad de aprobar otras que las deroguen. Pero mientras la norma está vigente, solo queda aplicarla, y acudir a los mecanismos de sanción existentes en caso de incumplimiento. Quiero decir que, aunque aceptemos que el problema de Cataluña es político y su solución, también, lo que es del todo inadmisible es que esa solución política se produzca “contra el derecho”, “al margen del derecho”, o ignorando el derecho, lo que sería el caso si, para encontrar la solución tuviéramos que partir de la inaplicación del derecho vigente.

Viene lo anterior al caso por algunos anuncios del Gobierno de España respecto a Cataluña. No me parece mal que se hagan “gestos” con la intención de “destensar” las relaciones entre instituciones. Lo cuestionable se produce cuando esos gestos implican la renuncia a la aplicación de la Constitución y la ley en ciertos supuestos. Es verdad que el desistimiento es una opción procesal perfectamente válida, y en principio nada cabe objetar, en términos jurídicos, a la anunciada “retirada” de diversos recursos frente a leyes catalanas (o vascas) “sospechosas de inconstitucionalidad” -si se me permite esta expresión, que no sería del todo correcta jurídicamente-. Aunque cabe criticar políticamente la posibilidad de que pervivan en el ordenamiento leyes inconstitucionales. Pero mucho peor que eso es el anuncio, hacia el futuro, de que “no se abrirán más vías judiciales” frente a lo que puedan aprobar las instituciones de Cataluña. Esto es, lisa y llanamente, un compromiso general de que no se utilizarán los instrumentos que ofrece el Estado de derecho para garantizar la aplicación de la Constitución y de la ley, o al menos aquellos cuya activación dependa del Gobierno de España. Eso es utilizar, como parte de una negociación (o peor aún, como paso previo antes del inicio de una negociación) al Estado de derecho como moneda de cambio. Y eso, frente a quienes han dado pruebas reiteradas de absoluta falta de lealtad a la Constitución y al derecho -y han mostrado su voluntad de quebrantarlos- es renunciar al principal elemento de defensa de nuestro sistema constitucional.

Fuente de la imagen: https://www.elperiodico.com/es/politica/20180710/directo-reunion-sanchez-torra-6932248

Los versos del genial poeta nicaragüense constituyen una de las más hermosas odas al carácter efímero de la edad joven. En realidad, si bien se piensa, estos versos ensalzan más lo efímero de una edad, que el valor que en sí misma esta pueda tener. Esto, por cierto, es una constante en nuestra literatura, que nos llama a “extraer todo el jugo” a ese momento temprano y breve de la vida; y ya el “insigne vate toledano” Garcilaso de la Vega escribió “coged de vuestra alegre primavera/ el dulce fruto, antes que el tiempo airado/ cubra de nieve la hermosa cumbre”. Es, en realidad, un canto al “carpe diem”, que sin embargo se torna más fúnebre en Jorge Manrique, cuando nos advierte de que en realidad la vida toda es efímera y pasa ante nosotros a velocidad de vértigo, y por ello nos sugiere que deberíamos dar “lo no venido por pasado. Sin embargo, nuestra civilización tiende a ir más allá de ese maro valor de lo que se nos escapa de las manos, y en muchas situaciones parece conceder a la juventud un valor en sí misma, considerando como modelos o referencias a las personas que están en esa edad, cuya breve posesión tiende a convertirse en una virtud, aunque es evidente que nadie tiene mérito alguno por el hecho de ser joven. Cabe admitir, desde luego, que en lo meramente estético, o lo que tiene que ver con las cualidades físicas, los jóvenes pueden tener cierta ventaja (e incluso lo primero siempre sería discutible); pero en todos los demás aspectos, la juventud es simplemente una etapa más de la vida, con sus ventajas y sus inconvenientes.

Rubén Darío

Rubén Darío

El caso es que la idea del valor de la juventud, como todo aquello que carece de fundamento pero tiende a ser aceptado socialmente, se ha trasladado a nuestra vida política. Primero llegaron los líderes de los partidos de la “nueva política” poniendo en valor la juventud, e incluso, en el caso de Albert Rivera, afirmando explícitamente que a la política deberían dedicarse quienes han nacido después de la Constitución española (lo que en ese momento excluía, por cierto, a los otros tres líderes de los partidos nacionales). Para cerrar el ciclo, el PP ha elegido como presidente a quien pasa a ser el más joven de los cuatro líderes (con 37), dejando a Pedro Sánchez, con 46, como el más viejo de la cuadrilla (aunque todo es relativo, no creo que ninguno de ellos fuera joven si se dedicasen a jugar al fútbol…). Yo no digo que los partidos estén eligiendo a los jóvenes por ser jóvenes, pero no me negarán que este “valor” parece buscado. Quienes hemos nacido antes de la Constitución, pero aún no teníamos edad para votar en 1978, no somos ni viejos ni jóvenes, y acaso tendemos a entender mejor que los valores aplicables a este supuesto son el mérito y la capacidad. Y si acaso, la experiencia.

Fuente de las imágenes:

https://www.cervantes.es/bibliotecas_documentacion_espanol/creadores/dario_ruben.htm
https://www.elplural.com/politica/cis-optimismo-desembarca-psoe_201135102

Tradicionalmente se destaca la escasez de noticias propia del verano, y especialmente en el mes de agosto, vacacional para la mayoría en España. No es fácil saber en qué medida esa escasez era real, y en qué medida lo que se producía es un menor interés de los ciudadanos por la información, comprensible en momentos en los que se buscar una mayor relajación y desvinculación con la actividad cotidiana del resto del año. Además, por desgracia muchas noticias no son positivas, lo que puede acentuar el deseo de muchas personas de “descansar” también de la información en el mes de agosto. En cualquier caso, ha sido relativamente habitual ver periódicos con menos páginas, noticias o columnas de opinión sobre temas aparentemente menos trascendentes, o informativos más ligeros. Pero creo que esta situación es cada vez menos real. Vivimos en un mundo globalizado, y aunque es posible que -salvo circunstancias excepcionales- las noticias políticas en España bajen su intensidad en el mes de agosto, a la par que lo hace la actividad parlamentaria, de las instituciones y de los partidos, esta situación se compensa con otras noticias que pueden llegar del exterior.

Nunca indiferente

En no pocos casos se trata de noticias terribles. Es imposible ignorar, por ejemplo, el drama de la inmigración, cuando precisamente en verano se acentúa el número de personas que tratan desesperadamente de ingresar en territorio europeo. Ello genera situaciones tristes y dolorosas, no solo para quienes pretenden ingresar en nuestro país, sino también, como hemos visto estos días, para los agentes de las fuerzas y cuerpos de seguridad que, cumpliendo con su deber, intentan controlar nuestras fronteras y evitar las entradas ilegales, pero también ofrecen la primera asistencia a quienes ya están en nuestro territorio. Tampoco podemos dejar de lado la dramática situación que se vive en algunos países hermanos, y en estos momentos especialmente en Nicaragua, ese lugar tan querido, cuya población sufre ahora intensamente los excesos y los abusos del poder, que han causado una inmensa violencia en las calles, y no pocos heridos y fallecidos. En estas situaciones cabe preguntarse qué se puede hacer, cómo se puede apoyar. Y cabe pensar que por estar informados no se consigue nada, pero la información es el primer paso para la denuncia, la ayuda, o para cualquier actuación que cada quien pueda llevar a cabo dentro de sus posibilidades. En las próximas semanas, como siempre, seguiré fiel a mi cita con los lectores cada viernes. Puede que aborde cuestiones más trascendentes, u otros aspectos más “ligeros” o relacionados con el ocio vacacional. Pero que ningún lector dude que, ante estos dramas humanos, nunca permaneceré indiferente.

Fuentes de las imágenes:

https://www.clarin.com/mundo/noche-violencia-nicaragua-matan-estudiante-queman-radio-estatal_0_Hku21MugQ.html
https://www.pressdigital.es/texto-diario/mostrar/1147232/grupo-700-inmigrantes-saltan-valla-ceuta-atacan-agentes-guardia-civil

La manzana es, sin duda, mi fruta favorita. Sus propiedades dietéticas son innumerables, y sus ventajas, incuestionables. Es sobradamente conocido ese dicho inglés (en realidad parece que originario de Gales en el siglo XIX): “an apple a day keeps the doctor away”. Es sana, tiene efecto saciante y se puede comer en cualquier momento y lugar. Vaya a donde vaya, siempre procuro llevar una manzana encima si voy a estar toda la mañana o toda la tarde fuera: así me aseguro una comida que rápidamente puedo degustar en cualquier momento. Además, se pueden conseguir fácilmente, en casi cualquier tienda, o en casi cualquier hotel si uno desayuna fuera de cada. Y aunque me gustan todo tipo de manzanas, me quedo con las rojas… y más aún con las manzanas Golden, de las que me encanta su textura y su impresionante resistencia y duración. A veces, en caso de viaje, algunas me han acompañado días y días, incluyendo desplazamientos en mochilas o maletas, sin estropearse en absoluto.

Elogio de la manzana

Elogio de la manzana

La manzana es tan valiosa y codiciable, que no es extraño que prácticamente todos los artistas que han plasmado el árbol de la ciencia del bien y del mal han imaginado que la fruta prohibida era… ¡una manzana roja!, a pesar de que nada dice el Génesis. Y es que, puestos a imaginar a nuestros primeros padres arriesgando su vida paradisíaca por comer fruta, cabe pensar en una que ejerciera un atractivo tan irresistible como para desobedecer la prohibición divina: y a nadie se le ocurre nada más tentador que la fruta del manzano, a ser posible grande y con una piel de intenso color bermejo. Y Dios, que evidentemente tenía que ser justo y cumplir su palabra, expulsándonos del Paraíso, no quiso excederse en su dureza, y nos dejó, incluso en este destierro, seguir comiendo y disfrutando de las manzanas, ya que con un criterio estricto podría habernos privado de ellas para toda la eternidad. Salimos del Paraíso (porque es imposible mantener una vida paradisíaca cuando se es consciente de lo que está bien… y de lo que está mal), pero nos quedan para siempre las manzanas, y además ya no están prohibidas. Y si todo lo anterior no fuera motivo suficiente de elogio, no hay que olvidar que la manzana puede también tener el destino más noble y sublime que imaginarse pueda: convertirse en ese “manjar de dioses” de sabor insuperable y maravillosos efectos sobre el cuerpo y el alma, que es la sidra. Que se consume en muchos lugares del mundo, pero -me permito decir- alcanza su techo insuperable en Asturias. Y es que no es casualidad que, en este destierro terrenal, esa tierra del norte de España es lo más parecido al paraíso…

Fuente de las imágenes:

https://www.enlacejudio.com/2013/10/16/quisieron-adan-eva-comer-una-manzana/
https://mejorconsalud.com/los-beneficios-de-comer-una-manzana-al-dia/