Según los últimos datos, resulta que no todo el mundo se va de vacaciones en agosto. Así que cada vez es menos cierta esa imagen de las ciudades vacías en el mes de agosto. Por lo demás, en ciudades como Toledo nunca faltan visitantes y, si bien ahora no estamos precisamente en la temporada alta para el turismo en nuestra ciudad, siempre hay quien se atreve a enfrentarse al intenso calor estival y prefiere esta época para conocer, o volver a ver, los monumentos, las calles, las iglesias y los demás atractivos de la ciudad imperial. Y ese empeño, aparentemente arriesgado y sin duda valiente, suele tener su recompensa, pues en la tranquilidad del verano, entre la luz cegadora del sol y las gratas sombras de los edificios sobre las estrechas callejas del centro histórico, la ciudad muestra un encanto especial, que sin duda se prolonga en las noches veraniegas. Porque la famosa expresión “noche toledana”, que puede tener muchos sentidos y sobre cuyo origen aún se debate, bien puede hacer referencia a una agradable noche de estío entre terrazas y locales variados, disfrutando del “fresco” -en los días en que ello es posible- mientras se toma una copa o un refresco.

 

Así que sin duda estamos en el momento idóneo (o por lo menos, tan adecuado como cualquier otro) para comenzar una “miniserie” de artículos dedicados a las calles toledanas. Debo advertir desde ya que no soy en absoluto experto en historia, ni en arquitectura, ni en arte, ni siquiera en lo que se refiere a esta ciudad en la que, con más dicha que pena, me ha tocado vivir. Muchos especialistas hay que podrían desgranar con erudición los secretos y los encantos monumentales y artísticos de las calles y plazas que aquí se describirán. Y en efecto, algunos ya lo han hecho, pues no es escasa la bibliografía sobre nuestro patrimonio histórico-artístico. Por todo ello, me limitaré más bien a ofrecer mis impresiones y mis sensaciones sobre aquellas calles que he conocido desde niño, sobre esos rincones peculiares en los que se ha quedado, atrapado para siempre, un pedazo de mi propia experiencia vital. Tal vez algún paisano comparte en alguna medida esas impresiones, o quizá a algún visitante los artículos que van a seguir puedan ofrecerle una visión menos convencional y menos “típica” de algunas calles toledanas.  Sólo con eso el intento habrá tenido sentido.