Es ésta una vía de nuestro centro histórico que, en realidad, engloba dos calles en una. En efecto, podemos encontrar un primer tramo, desde la plaza de San Justo hasta esa especie de pequeña plazoleta que comunica con la calle Cardenal Cisneros y con la del Locum; y un segundo tramo, bien diferenciado, en el que la calle se convierte en cuesta que toma como uno de sus límites la misma fachada de la catedral, mientras va ascendiendo hasta su finalización en la plaza Mayor.

No es, aparentemente, la calle Sixto Ramón Parro una de las más conocidas ni visitadas de la ciudad, y sin embargo, concurren en ella no pocos alicientes. En primer lugar, esa doble fisonomía, primero estrecha y algo tortuosa, luego más ancha, recta y ascendente. En segundo lugar, el aspecto de algunas de las casas que la conforman, que la dan un aire  tranquilo de pequeño pueblo. Luego, su ubicación extremadamente próxima a la catedral, que como digo viene incluso a delimitarla en parte de su recorrido, el mismo por el cual transcurre parte de la procesión del Corpus, fiesta mayor de nuestra ciudad. Y en fin, no es la menor de las curiosidades su propio nombre, dedicado al que fuera decano del Colegio de Abogados de Toledo, y autor de varios trabajos, singularmente de su famoso “Toledo en la mano”, magna obra descriptiva de la catedral y los demás tesoros de nuestra ciudad, que su autor escribió precisamente cuando vivía en la calle que hoy lleva su nombre, como hay recuerda una placa ubicada en la misma casa que fuera su residencia.

Por lo demás, para mí la calle Sixto Ramón Parro tiene una significación especial, ya que allí pasé toda mi infancia, y recuerdo perfectamente mis idas y venidas por la misma, hacia la plaza de San Justo, en la que había una tienda de “ultramarinos”, o hacia las pequeñas tiendecitas que estaban en la misma calle, una mercería y un establecimiento de comestibles, justo antes del bar-restaurante “Los cuatro tiempos”, que hoy es, junto a una sucursal de CCM, lo único que queda de todo aquello.