Como soy fan del grupo Queen, no podía dejar de ver la película “Bohemian rhapsody”; pero por esa misma condición, fui a verla con un cierto escepticismo, temiendo que la recreación no me pareciera lo suficientemente auténtica, especialmente en el caso concreto de Freddie Mercury, quien fue un personaje irrepetible. Pues bien, no solo no salí decepcionado, sino que la película superó mis expectativas. En primer lugar, cada gesto, cada característica del estilo personal del mítico cantante, y de los demás miembros del grupo, parece haber sido estudiado meticulosamente, y reproducido con maestría y total credibilidad, no solo por el protagonista Rami Malek, sino también por los demás actores. Por otro lado, se ha logrado una increíble similitud con la voz de Mercury, si bien en este caso la del actor se ha mezclado con algunas demos originales, y sobre todo con la de Marc Martel, cuyo timbre es asombrosamente parecido al del cantante de Queen. Con todos estos ingredientes, la película logra uno de esos “milagros” que solo el cine puede conseguir, y es trasladarnos a aquellos momentos y lugares que ya son por definición físicamente irrepetibles, como por ejemplo aquel antológico concierto en Wembley. Gracias a la música y a las espectaculares imágenes, podemos sentirnos como se sintieron quienes allí estuvieron. Solo esto sería motivo para ir a verla.

Pero es que, además, la música del grupo tiene una presencia justa, suficiente para disfrute del espectador, pero no tanto que anule o desdibuje la narración de una historia. Una historia -la del grupo Queen y el propio Mercury- que no por conocida es menos interesante. El largometraje describe y profundiza en el personaje de Mercury y en los demás del grupo, y así nos muestra la siempre compleja relación con sus padres; las dificultades que tuvo para llegar a ser quien quería ser, y sobre todo, esa abrumadora y aplastante soledad de quien tuvo una mujer en su vida, pero no pudo compartir plenamente su vida con ella; y muchos hombres, que probablemente no le llenaron como aquella otra relación. Y nos transmite también las vicisitudes de este conjunto único: rompedores cuando ser rompedor tenía mérito (y tenía sentido), originales, entregados a la experimentación y la hibridación y, desde luego, radicalmente innovadores. Freddie Mercury fue, sin duda, el líder indiscutible de Queen; sin embargo, él mismo tuvo que comprobar, tras sus años en solitario, que él no era Queen. Queen fue una obra colectiva e irrepetible, y el éxito de su música -que llega intacto hasta nuestros días- y el de la propia película, nos muestra el valor de este grupo, para el cual vivió Freddie la mayor parte de sus días. Persona y personaje se funden así hasta el punto de confundirse. Gran película que logra mostrarlo. No se la pierdan.

Bohemian rhapsody

Fuente de la imagen: http://www.sensacine.com/peliculas/pelicula-185719/fotos/detalle/?cmediafile=21440262